El partido de este martes para la selección de Colombia puede, y ojalá sea así, certificar el tiquete para el Mundial 2014 en Brasil.
Pero es bueno hacer algunas consideraciones, partiendo de la necesidad de Uruguay por los puntos. No es ningún “coco” el Centenario de Montevideo. Allí se perdió y se ganó en el pasado en el marco de las eliminatorias mundialistas. Tengo que recordar una noche de 1973 con mucho frío, en un gol solitario de Willington Ortiz, oficiando como especie de centro delantero a pase desde la derecha del veloz Ernesto Díaz. Después quedamos dependiendo del último juego de Uruguay con Ecuador y allí por la goleada nos arreglaron para tristeza de todos, comenzando por el técnico Toza Veselenovic.
Esta vez Tabárez debe remodelar la zona defensiva, descartando por suspensión a Godin y Lugano, este último un destructor antes que jugador. A ello se suma el lateral Cáceres, el de Juventus, lo que implica alguna ventaja para los dos delanteros nuestros. Sin confirmar parece que Forlán, el lanzador de pelotazos y cobrador eximio de tiros libres, tampoco estaría, lo cual puede colaborar con los planes de Pékerman.
La selección colombiana, como lo titulo, debe jugar sin nervios ni presiones. Como Chile descansa en la jornada, el segundo lugar perdiendo lo conservaremos y tendremos aún la ventaja de resolver en el Metropolitano de Barranquilla el asunto. Por eso el juego debe ser propicio para el esquema colombiano. Sin embargo, por lo visto últimamente, acusamos debilidad en la zona de gestación de juego. Macnelly no se decide a ser conductor, dejando todo a la iniciativa de Cuadrado, si es que inicia, y a James Rodríguez. Aldo Leao, cada vez que ingresó, destrabó el medio campo y contribuyó a un juego más fluido y, ante todo, más de beneficio de Falcao y Teo.
En Brasil ya calificaron a Luis Suárez más fingidor que actriz de películas pornográficas. Es más allá de ese recurso, es jugador de área, rápido y chocador, mientras Cavani luce sin ritmo de juego.
Si Pékerman tiene claro el grupo de volantes, donde Aguilar, por falta de fútbol, tampoco está en ritmo, podemos conseguir si no el triunfo, el punto para alcanzar la meta de 27 y ahí sí dar rienda suelta a la euforia. Nada de nervios y a jugar mejor que lo hecho ante Ecuador, donde hubo atenuantes válidos. Sin nervios los jugadores, porque tenemos derecho los observadores a temblar.