Así como el Sevilla clasificó en el último suspiro a su final de la Liga de Europa, así también Atlético Nacional consiguió, en Belo Horizonte, avanzar a la siguiente ronda de la Copa Libertadores de América. Es de admirar la sorprendente forma como el técnico Juan Carlos Osorio propuso el partido.
Durante el primer tiempo, con una población enorme de jugadores en el medio campo, sin contar con delantero alguno en punta, sostuvo el juego, aún perdiendo por 1 a 0.
Decidió jugar con Jefferson Duque el último tramo del partido, intentando el empate, ante un deshilvanado Atlético Mineiro, que cayó en la trampa de un juego enredado, interrumpido, en el que Nacional sacó provecho. Pero un detalle aún más relevante, fue el momento en que Edwin Cardona acusaba cansancio y daba a entender que sufría calambres. Juan Carlos Osorio desde el banco le hizo señas que debía seguir y lo animó a continuar. Y fue justamente Cardona, quien realizó el magistral pase para que Duque aprovechara el fallido intento del arquero Víctor, para cortar el centro y decretar el empate y se acabó el cuento.
Fue un planteamiento curioso, aunque Juan David Valencia y Sherman Cárdenas tuvieron dos opciones claras de gol, una de ellas salvada por Víctor. Digo extraño porque pasó la mayor parte del tiempo esperando, sin echarse del todo a la defensa, así haya recurrido a Francisco Nájera y a Diego Arias, hombres claros para defender.
De paso quedó certificado que el delantero más adecuado al plan de juego de Nacional, que no es vistoso ni elegante, es Jefferson Duque, porque el mérito del equipo paisa radica en contar con jugadores serios, aplicados para el plan de defensa y capaces de salir por los costados con Daniel Bocanegra y un poco con Valencia, quien no es tan claro en las maniobras de definición. Cárdenas no tuvo gran actuación y en cambio Cardona, que ‘calentó’ a varios rivales, ganó alta calificación en el pase gol que deja a Nacional con gran posibilidad de llegar a otra instancia, considerando el próximo rival, Defensor de Montevideo.
Así despreocupado de atacar en más de 60 minutos, Nacional demostró al final que jugar de esa manera también es válido y se puede conseguir aunque sea un gol, que era lo requerido para eliminar al actual campeón de la Libertadores.