Brasil está en la Y de la carretera futbolística. O sigue con las ideas de Scolari y su séquito a pérdida segura o hace un examen a conciencia de cómo se está jugando en sus múltiples torneos de estados, el Brasileirão o la cantidad enorme de juegos que por año se programan.
Brasil continúa siendo, en número, el mayor exportador de jugadores a Europa y Asia. La cifra supera los mil futbolistas que anualmente salen. Esa puede ser una razón para que en la actualidad fueran autorizados cinco jugadores extranjeros por equipo. Por ejemplo, Dalesandro, Valdivia, Conca, por citar tres buenos creadores de juego que se destaquen y suplan ausencias. Pero todavía hay en el medio talentos sueltos, como puede ser Ganzo en el São Paulo, y sería increíble no detectar más jugadores con buen pie para jugar. Digo buen pie, para alejarlos de la tendencia de Scolari de llamar a futbolistas de fuerza, entrega, lucha, carentes de inteligencia para jugar y hacer jugar a los compañeros. Es más, en Inglaterra está el joven Coutinho, que se mueve en el mejor estilo de los brasileños de siempre. La filosofía o estilo de Scolari los deja de lado porque, desde su época, defensa rústico, siempre se aferró a esas condiciones.
Brasil renunció a una manera de jugar, donde primero los jugadores se divertían, amaban el balón. Por eso disputar el tercer lugar es casi una afrenta para un país que organizo y diseñó el campeonato para ganarlo.
Regresando o buscando una solución a ese dilema de seguir como están o cambiar significará tomar decisiones de fondo. Lo primero es que Scolari sabe a conciencia que su salida es necesaria para bien de él y del fútbol. Encontrar un técnico local, que deje momentáneamente el espejo de Europa, donde juegan casi todos los de la actual selección, y dedicar a hurgar en el medio local y armar para la próxima Copa América, en un año, una nueva selección. Porque a excepción de Thiago Silva, Neymar y Oscar, el resto no debería estar.
Brasil debe tener memoria y respetar un estilo que empezó a perder —y eso que ganó— desde el Mundial de Estados Unidos, porque allí Dunga comenzó a mentalizar el fútbol de otra forma. Menos mal en aquel instante Bebeto y Romario dieron un aporte ganador y sano. Mientras Colombia encontró una manera de compaginar el fútbol con jugadores bien elegidos, los brasileños tienen que echar reversa y mirar en el retrovisor el pasado que fue brillante y saber que siempre en el fútbol existe el recambio de piezas. Sería increíble que quien llegue a la conducción de Brasil no sea capaz de estructurar una selección que vaya con el pensamiento del hincha brasileño acostumbrado a ganar jugando bien.