Los colombianos acabamos de disfrutar el espectáculo cultural de nuestra ya tradicional Feria del Libro y en uno de sus estantes me reencontré con el texto de Fernando Vásquez sobre: Pregúntele al ensayista.
Recordemos entonces este tema, precisamente cuando estamos hablando de la educación con calidad. De su lectura y relectura integral, podemos deducir que no estamos en presencia de un texto más, sino del resultado de años de una práctica académica que le han permitido decantar sus conocimientos para entregarnos un contenido que ha tenido un positivo impacto en nuestro sistema educativo, especialmente, a lo largo de toda la organización de la producción intelectual hispanoamericana, desde las aulas.
Después de cincuenta años de seguir aprendiendo a aprender, desde el interior de la vida universitaria, sabemos que un volumen significativo de los trabajos de los educandos son una copia de la recopia que no contribuyen a su cualificación; que, con inusitada frecuencia, son un engaño para ellos mismos, tolerado y hasta auspiciado por los errores didáctico-pedagógicos de los pretendidos profesores o pseudo directores de tesis y monografías de grado.
¡Cuánto tiempo perdido! ¡Cuánta negligencia e irresponsabilidad! Qué descuido e ignorancia de algunos sectores del Ministerio de Educación que siguen permitiendo el surgimiento de burdos negocios educativos, en todos los niveles, que no le han dado la importancia debida a la producción intelectual de nuestros educandos; al saber leer, escribir y ensayar, con la ductibilidad y el vigor que nos permite el disfrute de nuestro idioma y de la vida.
El libro es un aporte al sistema educativo que, si es bien utilizado, va a facilitar un mejor aprovechamiento del proceso de enseñanza aprendizaje; va a ayudar a que educandos y educadores hagamos más fecunda nuestra vocación. En fin, me inclino a pensar que de su lectura y la práctica flexible, de los soportes allí consagrados, pueden surgir un número importante de escritores nuevos y frescos; de profesionales que disfruten su vida universitaria y personal acercándose a plasmar sus lecturas, búsquedas, investigaciones y logros, ejercitando el ensayo; su realización, permite un desarrollo constructivo del ser humano contemporáneo.
El texto está integrado por once apartes, íntimamente ligados, que se ocupan de su núcleo: ¿qué es y cómo se cristaliza un ensayo? Es un discurrir de un libro claro, denso y útil; es un adentrarse en los secretos del ensayo de éste “didacta comprometido con la enseñabilidad”.
¿Por qué no combinar la precisión conceptual con la calidad literaria? ¿Será cierto que necesitamos impulsar el surgimiento de nuevos ensayistas, también en la esfera de la política y el periodismo, que contribuyamos a crear una opinión pública bien formada y en búsqueda de construir alternativas democráticas participativas, dentro del marco del Estado social de derecho?
Me inclino a pensar que la palabra bien escrita, seguirá teniendo un papel decisivo en el siglo XXI. Recordemos a Mariano Picón Salas: si tenemos algo que decir, digámoslo “de modo que agite la conciencia y despierte la emoción de los otros hombres, y en lengua tan personal y propia, que ella se bautice así misma”.