Presidentes de la significación de Obama y Lula, artículos editoriales de los más importantes periódicos nacionales y algunos extranjeros, y columnistas valorados por ser formadores de opinión, han cuestionado con razonamientos históricos, jurídicos, políticos y aún éticos, la inconveniencia de una segunda reelección para el Presidente Uribe Vélez en el intervalo 2010-2014.
Históricamente, América Latina está llena de pruebas empíricas de gobernantes que cuando buscaron adecuar los ordenamientos jurídicos, para favorecer sus procesos reeleccionistas, produjeron graves daños a las democracias.
Estudiando políticos colombianos significantes, conviene recordar, por ejemplo, el pensamiento de Jorge Eliécer Gaitán, quien en 1941, adelantándose a la segunda elección del gobierno de López (1942- 46) , y no fue reelección inmediata, sostuvo en el Senado de la República, que el reeleccionismo es fatal para un régimen presidencial y lo fundamentó así: “Poseer los poderes que el régimen presidencial colombiano entrega al primer mandatario; tener la manera de manejar las fuerzas de avance y de choque que un Presidente tiene; establecer en el país la posibilidad de que no ya el Presidente sino sus funcionarios inmediatos puedan formar dentro del Estado, con perspectivas hacia su beneficio político y propio, un sistema que permita mañana traer de nuevo al poder al mismo hombre que ya lo ejerció, para seguir gozando de los beneficios antes gozados, es problema grave que puede desquiciar los fines ideológicos para reemplazarlos por el continuismo concupiscente, con grave mengua de las bases esenciales de la democracia”.
Y continúo: “Hay que destruir esas concepciones idolátricas que hacen creer que unos cuantos hombres privilegiados hacen su voluntad a despecho de las masas y de la historia y le dan el triunfo a las revoluciones y a los partidos!! La obra del partido liberal jamás podrá explicarse, vindicarse, si no tomamos sus antecedentes, si no rastreamos las antiguas normas y llegar después a regímenes como el de Olaya Herrera, sin menospreciar los subsiguientes como el de Eduardo Santos, porque los partidos que dan a sus gobiernos un sentido simplemente personalista, son caudillistas pero jamás serán los intérpretes de la democracia”.
Complementariamente, en su famoso Discurso-Programa de 1946, sostuvo: “Yo no creo en el destino mesiánico o providencial de los hombres. No creo que por grandes que sean las cualidades individuales, haya nadie capaz de lograr que sus pasiones, sus pensamientos o sus determinaciones sean la pasión, la determinación y el pensamiento del alma colectiva. No creo que exista ni en el pretérito ni en el presente un hombre capaz de actuar sobre las masas como el cincel del artista que confiere caracteres de perennidad a la materia inerte”. Al leer cuidadosamente las reflexiones anteriores, y repasar lo ocurrido en el intervalo (1942-46), pueden verse las lecciones que se derivan de los aportes gaitanistas.
Al pensar en la complejidad de la situación económica, política, social, cultural, ambiental, la realidad del manejo de las relaciones internacionales, las implicaciones de la corrupción en que están comprometidos amplios sectores parlamentarios adictos al gobierno, las diversas situaciones de corrupción administrativa existentes, y las indelicadezas cometidas por parientes cercanos del Presidente, nos indican que los demócratas estamos invitados a participar políticamente, de tal manera, que se impida el precipitar a Colombia en un régimen antidemocrático.
Los peligros que para la democracia colombiana conlleva una segunda reelección del Presidente Uribe, en 2010, son notables y debemos advertir que, tomada la decisión, sabemos donde comenzamos, más no a donde nos precipitaría la desinstitucionalización. La propuesta de Uribe, es volver al pasado; es volver a un régimen autoritario y antidemocrático. Es tener un Presidente “que se vuelve el centro que condensa la vida social del reino” como sostiene Enrique Krauze. Sus contenidos están íntimamente ligados a la perspectiva moderna de corte neofascista y antiliberal. La posibilidad del desbarajuste institucional, frente a una eventual segunda reelección, es real. Los colombianos conscientes, queremos ser gobernados como ciudadanos, no como súbditos. Colombia, sostenía el Presidente Alberto Lleras, es un país reacio a las dictaduras. Ha llegado el momento de estar alertas para facilitar la elección de demócratas en el Congreso y al frente de la Presidencia de la República. Pensemos y decidamos con responsabilidad ciudadana.