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La paz: Una esperanza. Reflexiones iniciales

10 de mayo de 2014 - 09:00 p. m.

El problema de la paz es un problema de fondo: la paz es el bien absoluto, condición necesaria para la realización de todos los demás valores. Norberto Bobbio.

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En la semana anterior, los demócratas colombianos observamos un conjunto de acontecimientos que nos indican cómo, los enemigos de la construcción de la paz, coherentemente con su orientación neoconservadora, impregnada de mentalidad y prácticas neofascistas, están dispuestos a todo, con tal de recuperar el poder que, como la historia lo indicará, lo ejercieron ilegítimamente la mitad del intervalo 2002- 2010 (1).

Ahora bien, de la reflexión histórica al interior del periodo 1948-2014, se presenta claro que lo más importante para nuestra democracia y, consecuentemente para los sectores mayoritarios de nuestra población, es contribuir seriamente a construir la paz después de 66 años de diversas violencias. Como un camino en esta dirección, me permito poner a consideración de los lectores algunas reflexiones iniciales sobre la paz en Colombia, condensadas básicamente de mis columnas de opinión en El Tiempo, El Espectador y El Mundo, en el interregno 1971–2014. Estudiémoslas con conciencia crítica y actuemos como demócratas, respetuosos de nuestros preceptos constitucionales.

1.- La conceptualización de la paz. Cuando hablamos de construir la paz entre nosotros, podemos sostener, con el apoyo de serios científicos sociales reconocidos mundialmente por su rigurosidad, que la paz –en sentido político– es la ausencia de violencia abierta y estructural.

2.- Nuestra Constitución y la paz. Pensando en términos constitucionales, se me presenta de gran utilidad correlacionar, por ejemplo: el Preámbulo y los artículos 2, 22, 67, 95, 189 y 218. Notemos que según la Constitución, existe una urdimbre entre el proceso de construcción de la paz, los derechos ciudadanos, la educación, el deber de todo ciudadano de participar para construir y mantener la paz, y el deber de los colombianos de engrandecer la comunidad nacional, dentro de un marco jurídico democrático y participativo.

3.- El modelo de desarrollo. Teniendo en cuenta los indicadores más relevantes sobre los impactos de las violencias que hemos tenido que enfrentar a partir de 1948, encontramos que no se ha institucionalizado un modelo de desarrollo que nos permita modificar eficientemente las modalidades de las violencias abiertas y estructurales que se han padecido. Más aún, los ingredientes contemporáneos de la guerrilla, el narcotráfico, el paramilitarismo, las bacrim, la explotación minera ilegal, y sus variantes y combinaciones, ponen en serio peligro el desarrollo futuro de la democracia participativa.

4.- Los derechos humanos y la paz. Sabemos que la paz debe ir de la mano de los derechos humanos y de la construcción democrática en todos los ámbitos. ¿Cómo no tener en cuenta que “el ejercicio de los derechos y libertades reconocidos en esta Constitución implica responsabilidades”? Pensemos en la reflexión que nos propone Bobbio: Leamos la Declaración Universal de los Derechos Humanos y miremos alrededor: “¡Cuántas víctimas inocentes de crueles guerras, cuánto espíritu de atropello, de dominio, de perversidad, de desprecio al débil, de ciega envidia del fuerte! ¡Cuánto fanatismo! ¡Lejos queda la dignidad de la persona! La historia del hombre es vieja en milenios pero, comparada con nuestras esperanzas, acaba de empezar”

5.- La paz: Un derecho y un deber. Preguntémonos: ¿Cómo olvidar que “la paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento”? ¿Por qué no retomar en las instituciones educativas, su vocación de constructoras de paz, difundiendo en todos los establecimientos una nueva cultura inspirada en nuestros preceptos constitucionales?

6.- Los estudios sobre la paz. Sectores de la sociedad civil, en su conjunto, han abierto canales de reflexión y acción en torno a la paz, no solo como expectativa o como ilusión, sino como un marco de entendimiento cotidiano para el desarrollo concreto de la democracia. Si bien es cierto que la academia ha estado, en diferentes convocatorias públicas, a favor de un nuevo esquema de convivencia, es tiempo ya que se funde esa intencionalidad en una nueva vocación de servicio: la de repensar y elaborar los procesos de paz simultáneamente. No olvidemos que la Asociación Colombiana de Universidades (ASCUN) y la Red de Rectores Universitarios por la Paz (REDUNIPAZ) deben seguir produciendo resultados para facilitar la presentación de alternativas complementarias que sean viables de implementación. El espíritu belicista debe ser confrontado por una muy bien informada y planeada solución política negociada.

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7.- La legitimidad del Estado. No olvidemos que quien encarna la legitimidad del Estado, para el manejo al más alto nivel del proceso de paz es, en nuestro régimen presidencial, el Presidente de la República.

8.- Necesitamos una política de Estado. Como se ha indicado en serios escenarios, es necesario que sigamos diseñando y ejecutando una política de Estado que garantizando la supremacía del sistema político, facilite una salida negociada; esa política debe desembocar en la terminación del conflicto y ulteriormente, del proceso.

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9.- La mediación internacional. Ante los hechos históricos de nuestro conflicto, el papel desempeñado por la mediación internacional ha demostrado -hasta la saciedad- que, hacia el futuro, es indispensable la presencia internacional para la mediación y verificación de los Acuerdos.

10.- El papel del sistema educativo. Si tenemos en cuenta el papel sustantivo que el sistema educativo, desempeña en la construcción de la paz, se me presenta conveniente replantear los currículos y los programas, para fortalecer la conciencia política de los colombianos, sin distinciones de clases y estratos sociales. Hay que contribuir a crear un nuevo sentimiento ciudadano conociendo y desarrollando los postulados planteados en la Constitución del 91. Así mismo, revisar la totalidad del proceso de enseñanza–aprendizaje en torno a la formación política, desde la niñez. Estamos convocados a formar nuevos sujetos políticos; no podemos olvidar que en nuestro país la democracia participativa es incipiente; debemos construirla con responsabilidad.

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11.- El uso privativo de las armas. Tengamos en cuenta que, el uso privativo de las armas, en un Estado de derecho, solo compete legítimamente a nuestras Fuerzas Militares.

12.- La construcción de la paz y las víctimas. Frente a las víctimas, hay que buscar puntos de consenso en torno a la verdad, la justicia y la reparación. Al respecto, vamos por buen camino.

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13.- Los medios de comunicación y la paz. Como lo ha afirmado con precisión el ministro Alfonso Gómez Méndez, no es conveniente que “conviertan a los comandantes militares de la guerrilla o de las autodefensas, en grandes protagonistas dándole campo ilimitado a la apología bélica, sin anteponer los filtros y cuestionamientos necesarios para que la opinión ciudadana adquiera una percepción equilibrada y objetiva de sus actos y propósitos… No resulta aconsejable colocar en un plano de igualdad a los actores armados, al margen de la ley y a quienes legítimamente actúan dentro del Estado de Derecho…”; y

14.- La construcción de la paz y las tareas del posconflicto. Teniendo en cuenta la actual evolución nacional y la evidente incidencia de los procesos de globalización, es indispensable planear cuidadosa y sistemáticamente las labores a desarrollar en el posconflicto por parte de: Los organismos de control del Estado, las Cortes y el poder judicial, los medios de comunicación, los partidos políticos, las Fuerzas Militares, las universidades, los industriales y comerciantes, el sindicalismo democrático, los trabajadores urbanos y los agricultores, y la intelligentsia colombiana, para enfrentar las practicas agenciadas por los patologizados en búsqueda de poder; por los politiqueros que han desvirtuado el arte y la ciencia de la política; y por los corruptos que permean amplios espectros de la sociedad colombiana.

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Ante la complejidad de la situación contemporánea en nuestro país, se me presenta oportuno tomar distancia con dimensión de profundidad. Como en todos los momentos críticos, se impone pensar y actuar con serenidad, eticidad y sentido de grandeza, usando los mecanismos de la Constitución para redimensionar los preceptos y realizaciones democráticas propias del siglo XXI. No olvidemos: todo ello está en juego el 25 de mayo del presente año; de quienes tenemos conciencia democrática responsable, depende. Estamos invitados a decidir en consecuencia. roasuarez@yahoo.com

 

Referencia
1 Estúdiese con serena juridicidad, lo que aconteció con Yidis y Teodolindo…
 

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