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¿Por qué Rafael Pardo?

21 de octubre de 2015 - 08:52 a. m.

Conocí a Rafael Pardo en ejercicio de nuestra labor académico-política en Arauca en 1986, en las difíciles condiciones de Arauca “Saudita”. Allí, pudimos desarrollar una magnífica labor que se convirtió en el primer libro significante sobre la región: “Planificación, Desarrollo y Petróleo. El caso araucano”. Este texto contó con la participación del Señor Presidente Barco, el presidente de Ecopetrol Francisco Chona, importantes profesores-investigadores, la FAO y autoridades públicas; fue presentado en el Centro de Convenciones de Bogotá, en presencia de los más altos funcionarios del sector petrolero y de quienes hicieron parte del libro.

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Posteriormente, y a raíz de su responsabilidad con el PNR, adelantamos una labor satisfactoria haciendo presencia del Estado en Cubará y en todo el Occidente de Boyacá, movilizando las comunidades para facilitar la superación de la pobreza.

Ulteriormente, nos encontramos en la Fundación Friedrich Ebert (Fescol) y le pregunté: ¿Qué haces? Me respondió: aprendiendo a combinar la academia con la política. En los años siguientes, disfruté de sus libros: De primera mano; Entre conflictos y esperanzas; Nueva seguridad para América Latina; El siglo pasado; La historia de las guerras; y Fin del paramilitarismo.¿Es posible su desmonte? En 2011, fue muy grato recibir sus sólidos aportes consagrados en el prólogo a mi texto: La gobernabilidad, hoy, que presentamos en el Auditorio Galán de la Facultad de Derecho de la Universidad Javeriana.

Sabemos que ha sido Ministro de Defensa y del Trabajo; Alcalde (e) de Bogotá; Consejero Presidencial; Senador de la República y candidato Presidencial… Quienes lo conocemos, sabemos que Rafael encarna la tradición de los estadistas colombianos que fueron éticos y responsables en el ejercicio de la función pública. Él aprendió, desde temprana edad, la trascendencia de la antigua sentencia que en nuestros días es fundamental para construir democracia: Vivir honestamente.

El momento político de Bogotá nos invita a elegir un mandatario ético, bien preparado y responsable en términos históricos. Los colombianos y los bogotanos estamos ahítos de ver funcionarios y candidatos ineptos, incapaces y deshonestos en el ejercicio de la función pública. Estoy de acuerdo con esa gran personalidad colombiana y latinoamericana, de las ciencias sociales, que es Francisco Leal Buitrago. Él sostiene: “Su candidatura ha demostrado que en la Capital sí se puede votar por una persona capaz, pero ante todo honesta”.

La responsabilidad de los ciudadanos bogotanos es muy grande; bien vale la pena que elijamos un alcalde en el que podamos confiar como demócratas, justos, pacíficos y libres, para avanzar cristalizando en nuestra ciudad con un proceso de desarrollo sostenido.

Confiar en Rafael Pardo se me presenta significante en la medida en que estamos ad portas de afianzar la civilidad o perderla, en medio de una sociedad amenazada por fuerzas ilegales integradas por la guerrilla, el paramilitarismo, las bandas criminales y actores políticos que operan -especialmente en las regiones colombianas- continuando prácticas caudillistas y populistas ejercidas por seres psicopatologizados por el ejercicio del poder para su usufructo personal y que le han hecho un daño inmenso a la institucionalidad colombiana.

No olvidemos: los malos gobiernos han sido electos por quienes -estando habilitados- no votan. Rafael Pardo tiene vocación de servidor público moderno y conoce bien que el poder es para servir. “Crece la audiencia” de quienes votaremos por Rafael Pardo.

 

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