Teniendo en cuenta la rapidez de los cambios que se producen en la instancia política de nuestros días, estamos invitados a tomar distancia y pensar, con dimensión de profundidad, en el destino de la democracia colombiana y adelantarnos a los acontecimientos.
Recordemos que quienes se han enriquecido ilegalmente en los últimos decenios (paramilitares, seudoguerrilleros, narcotraficantes, politiqueros y sus diversas combinaciones), mediante el empleo de las armas, las amenazas, el tráfico de influencias y la astucia, y ante la falta de presencia del Estado (“tenemos más territorio que Estado”), van a seguir dando sus batallas y ejerciendo su poder, para continuar usufructuando la riqueza y capacidad ilegítimamente adquiridas.
Observando la historia de Colombia, específicamente en el siglo xx, encontramos que hace parte de nuestra cultura política darles a los expresidentes una gran respetabilidad, oír sus opiniones y facilitar su participación en grandes decisiones políticas. Un ejemplo significante de esta situación ocurrió en 1985, con motivo de la toma del Palacio de Justicia, cuando el expresidente Alberto Lleras -con sentido de grandeza y responsabilidad con nuestra democracia- convocó a todos los expresidentes para expedir un comunicado respaldando el orden institucional que había sido seriamente amenazado.
Ahora bien, si realizamos un examen analítico de actitudes y comportamientos que, como expresidente, ha asumido Álvaro Uribe, he llegado a formularme algunas preguntas inquietantes:
i.- ¿Será cierto que, como buen estudiante, el expresidente Uribe revisó las conductas políticas que, como expresidentes, observaron sus antecesores liberales y conservadores, en el intervalo 1900 – 2010?
ii.- ¿Estará el expresidente, psicopatologizado por el ejercicio del poder, asumiendo comportamientos como si fuera Presidente en ejercicio?
iii.- ¿Ignora el expresidente el profesionalismo como deben manejarse, en el siglo xxi, las relaciones de Colombia con el resto de los países del mundo y particularmente con los vecinos?
iv.- ¿Desconoce el expresidente el espacio diplomático que existe en la Comisión de Relaciones Exteriores, para que pueda –profesionalmente- expresar sus puntos de vista sobre el manejo de nuestra política exterior?
v.- ¿Qué implica históricamente que un expresidente que adquirió poder y prestigio, gracias a la generosidad de los colombianos, no desempeñe su papel con la dignidad que corresponde a un ciudadano demócrata?
vi.- ¿Por qué indebidamente usó su poder e influencia para facilitar que su subalterna, exdirectora del DAS, buscara asilo en Panamá, impidiendo que informara, como corresponde a un funcionario público de alto rango, sobre quién le dio las órdenes para chuzar a magistrados, altos funcionarios del estado, periodistas y personajes de la vida política colombiana?
vii.- ¿No conoce el expresidente, los ejemplos de Alberto Lleras, Carlos Lleras, Guillermo León Valencia, Virgilio Barco… la decencia y delicadeza que tuvieron con el Estado, en relación con sus hijos?
viii.- ¿Será que un expresidente, con la inteligencia y astucia de Álvaro Uribe, cree que los demócratas colombianos somos unos imbéciles que no nos hemos dado cuenta de sus improvisaciones, bandazos, indelicadezas y ansia de poder como presidente y expresidente, en el intervalo 2002 – 2011?
ix.- ¿Como excomandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de Colombia, ignora acaso el cuidado y respeto como hay que manejarlas?
x.- ¿Habrá consultado el expresidente con psicólogos, psiquiatras y psicoanalistas, sobre el daño que puede hacerse, y hacer a la democracia colombiana, con sus conductas como expresidente?
Señor expresidente Uribe: Colombia le dio el gran honor de regir el más alto cargo de la administración pública. ¿No está Usted obligado éticamente a honrar su cargo y respetar a los demócratas colombianos?
P.S. A todos los lectores mil gracias por sus comentarios y mis mejores anhelos por un nuevo año pleno de realizaciones satisfactorias.