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Comprar sin pensar

10 de enero de 2009 - 08:00 p. m.

En Colombia el vino sigue siendo un producto de ocasión, y tal situación implica que mantengamos un alto nivel de ignorancia a la hora de la  elección ilustrada de una botella.

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En febrero de 2003, Harper’s, la decana de las revistas de vinos en el mundo (vigente desde mediados del siglo XIX), publicó un artículo sobre los hábitos de consumo de vino en Gran Bretaña. Seis años después, estos patrones de conducta no sólo siguen reinando allí, sino que también son válidos dentro de nuestras propias fronteras.

El hallazgo más importante del estudio es que la compra, en general, es algo impulsivo e instintivo, más que producto de un detallado análisis de las etiquetas, las variedades, las regiones de origen e, incluso, los nombres de los hacedores de cada elixir.

En verdad, son muy pocos los consumidores que compran basándose en un gran conocimiento. Si somos sinceros, debemos reconocer que el mundo de los vinos no es como el de las cervezas, dominadas por un pequeño puñado de marcas. En el caso de los vinos, son, literalmente, decenas de miles de marcas, y esto, sin duda, dificulta la compra informada.

De todas maneras, adquirir un vino debiera ser como elegir muchos de los productos que compramos a diario. Pero lo que ocurre, al menos en nuestro medio, es que el vino sigue siendo un producto de ocasión, y tal situación implica que mantengamos un alto nivel de ignorancia o desconocimiento sobre todo lo que determina la elección ilustrada de una botella. Además, la abundancia de marcas, la existencia de miles de puntos de procedencia, las numerosas posibilidades de ensamblaje, estilos y matices, al igual que la multiplicidad de variedades, pues, aunque los entendidos dominan unas 20, son más de 4.000 las identificadas científicamente.

Obviamente, la suma de todos estos factores transforman al vino en un producto intimidante.

Para ser honestos, la mayoría de las personas se enfrentan a un camino bifurcado en mil senderos y, por lo tanto, eligen rutas más cortas para darse un poco de gusto y felicidad con cada copa.

¿Pero cuáles son esos caminos?

Lo primero que debemos tener en cuenta es que casi todos nos fijamos exclusivamente en el precio. Y este factor se convierte en el principal argumento de compra. Según la revista Harper’s, la mayoría de la gente suele elegir el vino más barato posible, sin importar su tipo, su estilo o su procedencia. Y suponiendo que el consumidor distinga entre vinos del Viejo Mundo y vinos del Nuevo Mundo, su principal motivación seguirá siendo el valor monetario del producto. A esto se suma la cascada de ofertas, como aquella de “pague una y lleve dos” o, incluso, la de regalar accesorios como copas o descorchadores con la compra.

Aquí no se trata de debatir si los productos de menor precio son, de igual manera, de menor calidad. La calidad es algo que, hoy día, no se pone en tela de juicio. Lo es cierto es que los vinos de menor precio provienen de viñedos de alto rendimiento, y, por tanto, son simples y poco complejos.

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¿Cómo dar, entonces, el paso de salir del círculo vicioso donde el precio parece serlo todo? El informe de Harper’s estableció que la clave está en la mayor información. Quienes han cruzado la frontera lo han hecho, inicialmente, después de escuchar recomendaciones de familiares o amigos. Es lo que se denomina el poder del “boca a boca”. Otros tantos prefieren fiarse de asesores especializados o de sommeliers, cuya presencia ya se nota en muchos puntos de venta en Colombia. Según Harper’s, estos profesionales no sólo contribuyen a ampliar las experiencias de los consumidores, sino que también elevan los márgenes de venta de los establecimientos que los contratan. La razón es sencilla: al poder entregar información más atractiva, el comprador se siente predispuesto a gastarse más de lo que habitualmente dedica a este tipo de adquisición.

La publicación también señala que el letargo puede vencerse mediante guías acertadas y periódicas en diarios y revistas. Los medios y periodistas especializados, afirma, son responsables de mejorar el conocimiento y la cultura del vino, y de estimular a los consumidores para que exploren nuevos territorios. De alguna forma, todos estos mecanismos contribuyen a tomar conciencia de la necesidad de incorporar en la decisión algo más de conocimiento.

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La revista advierte que no puede desembocarse en la práctica detectada en algunas vinoteras de prestigio, donde muchos compradores piden la botella más cara como forma de halagar a amigos o a allegados.

La invitación para 2009 es fijarse la meta de descubrir otras variedades, otras marcas, otros lugares de procedencia y otros estilos. Sólo así podrá apreciarse el cúmulo de experiencias del vino; experiencias que ninguna otra bebida puede igualar.

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