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La efervescencia del Prosecco

12 de marzo de 2016 - 09:00 p. m.

Uno de los vinos más populares de Italia, tanto dentro como fuera de sus fronteras, es el Prosecco, un espumoso suave elaborado en la histórica región nororiental de Conegliano y Valdobbiadene, justo arriba de Venecia y Treviso.

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Hoy se envasan más de 160 millones de botellas para satisfacer la creciente demanda mundial. Porque una cosa es cierta: entre los espumosos actuales, el Prosecco está de moda.

Su acogida responde a dos características muy apreciadas por los consumidores: frescura y facilidad de consumo, y más importante aún, precios razonables. Debe señalarse, sin embargo, que de ese total, sólo una tercera parte corresponde a espumosos de Prosecco bien logrados; los demás, son vinos ligeros y de bajo costo.

En cierta forma, la situación es similar a la que se experimenta con el Cava español, espumoso estrella del país ibérico. También en España, sólo pocas bodegas están dedicadas a vinos de complejidad. Las demás apuestan por bebidas de bajo costo y, en ocasiones, de dudosa calidad.

Pero el Prosecco, el Cava y los espumosos de gran volumen hechos por otras bodegas en el mundo se han convertido en una alternativa pagadera a la hora de comprar una bebida para la celebración. Porque desde antaño, acomodadas y modestas familias engalanan con burbujas grandes momentos de sus vidas.

Igual que otras bebidas y alimentos milenarios, el origen del Prosseco se sitúa en una zona gris. Su punto de partida se ubica en los pliegues montañosos de la zona de Trieste, ciudad del norte de Italia, bañada por el Mar Adriático.

Por su ubicación, allí llegaron los primeros colonos griegos para establecerse en la península itálica e iniciar la cultura de la vid. Durante la evolución y auge del Imperio Romano se produjo en ese territorio un vino que los lugareños llamaron Pucino, al que se atribuye, según varios estudios, la progenitura del Prosecco, que debe su apelativo a una población del mismo nombre.

En tiempos modernos, y tras la creciente popularidad del Prosecco, el uso de la palabra se ha reservado exclusivamente a la denominación de origen, que está protegida desde 2009. A su turno, la uva Prosecco tuvo que rebautizarse con el nombre de Glera para evitar una inundación de bebidas de bajo rango vendidas como Prosecco original.

El Prosecco se elabora mediante el método Charmat, esto es, que el vino realiza su segunda fermentación en tanque y no en botella. El proceso de la segunda fermentación en botella se llama champenoise y se reserva para el champán y otros espumosos de alta calidad.

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Hay dos tipos principales de Prosecco: Tranquillo, o sea, sin burbujas, y Frizzante o espumoso, en los estilos Brut y Extra-Seco.

El Prosseco suele servirse como aperitivo y acompañante de entremeses ligeros. Su color es pajizo claro y ofrece gran delicadeza en nariz y boca, con un evidente toque frutado y unas burbujas discretas y no tan intensas.

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Entre las marcas más reconocidas están Bisol Prosecco di Valdobbiadene Cartizze, Foss Marai Marai de Marai Extra Dry, Adami Superiore Dry Cartizze, La Gioiosa Prosecco Superiore Brut Valdobbiadene, entre otros. Los precios oscilan entre $80.000 y $150.000, según la casa productora y su reputación.

 

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