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La hora de los creadores

13 de junio de 2015 - 07:20 p. m.

De todos los concursos realizados para elegir a los profesionales más respetados en un determinado campo del saber, el más valorado es aquel que promulgan sus colegas de rubro. En el fondo es una manera de reconocer su rol como inspiradores, innovadores y maestros.

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Es precisamente este enfoque el que inspira la encuesta anual de la revista inglesa Decanter, que pregunta a los enólogos más destacados del mundo quiénes son sus 30 colegas más admirados. Los resultados de junio de 2015 incluyen profesionales de varias nacionalidades, entre ellos seis suramericanos y cuatro extranjeros que tienen propiedades o ejercen como asesores en bodegas de Chile y Argentina. Seguramente usted se ha tomado sus vinos sin saber quién está detrás de ellos. Por tal razón, esta es la oportunidad de apreciar su trabajo y de tratar de entender su visión, su estilo y su búsqueda de nuevos caminos para evitar que todos los vinos terminen sabiendo igual. Es bueno tener entre los elegidos a figuras veteranas como Jorge Riccitelli y Mariano di Paola, de Argentina, y a un profesional chileno de similares quilates como Ignacio Recabarren. Riccitelli, hecho en varias plazas, ha logrado dejar una huella profunda en Bodega Norton, de Mendoza, donde consigue elaborar vinos que transmiten alegría, elegancia y fiereza. Di Paola, por su parte, es un incansable innovador que ha hecho de los vinos de la mendocina Bodega La Rural y de sus líneas Rutini y Trumpeter un nido de excelencia y de sorpresas. El chileno Recabarren es uno de los responsables de haberle dado a Chile el estatus de gran productor de blancos, como su reconocido Amelia Chardonnay. Pero va tanto o más lejos con sus gloriosos Terrunyo y Carmín de Peumo, hechos con la emblemática uva tinta Carménère. En una generación más joven se sitúan el argentino Alejandro Vigil y su vecino chileno Marcelo Retamal. Vigil ha desarrollado para Catena Zapata el concepto de ensamblaje de vinos de una sola finca (Malbec, Cabernet Sauvignon y Chardonnay, especialmente) y ha logrado verdaderas proezas con sus proyectos personales, como El Enemigo y República de Chachingo, principalmente por su manejo de la variedad Cabernet Franc. Retamal, quien desde graduarse nunca ha salido del entorno de la chilena Viña De Martino, ha decidido romper las prácticas vigentes para entregarnos vinos naturales en los que el frescor es alto y el alcohol es bajo. Su capacidad de autocuestionamiento, dice el crítico Patricio Tapia, no tiene límites. Algo parecido distingue a Álvaro Espinoza con sus propuestas orgánicas y biodinámicas. También está el estadounidense Paul Hobbs, quien tras trabajar y fundar su propia bodega en California, se vinculó a Argentina, donde ha sido la fuerza motriz (y socio) de la reconocida bodega Viña Cobos, además de asesorar otros proyectos. Alberto Antonini y Attilio Pagli, italianos ambos, se han dedicado a catapultar la uva Malbec a nuevas alturas y promover un estilo basado en el terruño en vez de hacerlo solamente en la variedad. Su bodega Altos Las Hormigas es prueba de ello. Finalmente aparece el nombre del francés Michel Rolland, escogido por su magistral habilidad de mezclar partidas de vinos y darles vida así a etiquetas excepcionales. Sus más reconocidos proyectos en el Cono Sur son Clos de los Siete y Bodega Rolland, en Argentina, y Casa Lapostolle, en Chile. Les aseguro que tener conciencia de estos creadores ayuda a acercarse un poco más a la esencia de sus vinos.

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