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Las personalidades del vino

17 de marzo de 2012 - 08:00 p. m.

Estos son algunos de los personajes contemporáneos que más han trabajado por la milenaria bebida en su capacidad de empresarios, enólogos, críticos y promotores.

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Pocas veces hay oportunidad de fijarse en aquellas personas que han contribuido a poner al vino en nuestra agenda cotidiana. La consultora británica Wine Intelligence —que acaba de cumplir 10 años de fundada— ha invitado al sector a elegir (entre 30 nominados) a los personajes contemporáneos que más han trabajado por la milenaria bebida en su capacidad de empresarios, técnicos, críticos y promotores. La selección final se hará después de intensos sondeos en los cinco continentes.

En la lista aparecen dos españoles y tres latinoamericanos, todos ellos chilenos. Para unos y otros se trata de un reconocimiento justo, pues los vinos ibéricos y australes se hablan de tú a tú con las grandes casas del Viejo y del Nuevo Mundo. Pero justo es señalar que faltan algunos protagonistas argentinos y uruguayos, cuyo ejemplo ha sido suficientemente reconocido por otros evaluadores. Claro está, ningún inventario es perfecto.

Algunos nombres nos parecerán familiares; otros, no tanto. Pero, en todos los casos, existen méritos suficientes para formar parte del exclusivo grupo. A continuación mencionaremos a aquellas personas de la lista que están próximas a nuestros afectos o que han sorprendido al consumidor.

Pablo Álvarez, dueño de la reconocida bodega Vega Sicilia. A lo largo de su extenso recorrido, iniciado en 1864, Vega Sicilia —estandarte de Ribera del Duero— se ha convertido en una de las marcas españolas más célebres. Al comienzo perteneció a la familia de Eloy Lecanda, su fundador, y posteriormente cambió de manos muchas veces, hasta llegar a la familia Álvarez, su actual propietaria. Es famosa por sus vinos concentrados, maduros, generosos y extremadamente elegantes. Hoy está a cargo de Pablo Álvarez, quien ha llevado a la empresa a las altas esferas de la enología. Entre sus etiquetas más apetecidas figuran Valbuena 5º, Reserva Especial y Único.

El nombre de la familia Casella posee una enorme resonancia internacional. Dio origen a una compañía muy centrada en vinos de intensidad baja y media, en Australia. Pero donde ha alcanzado su mayor repercusión es en Estados Unidos, donde John Casella, a cargo de la firma, lanzó la marca Yellow Tail, que, en poco tiempo, se convirtió en un éxito de ventas sin precedentes, mediante líneas fáciles de tomar, a un precio atractivo. Por lo tanto, la marca ha servido como puerta de entrada a millones de nuevos consumidores.

Eduardo Chadwick es, quizás, uno de los personajes más representativos de la vitivinicultura chilena. Su familia ha manejado los destinos de Viña Errázuriz durante 142 años. En la década del 70 el gobierno Unidad Popular expropió sus tierras, pero luego el empresario Alfonso Chadwick, uno de los descendientes de Maximiano Errázuriz, se puso en la tarea de restituirlas. Sin embargo, el trabajo de elevar a Errázuriz a su actual posición quedó en manos de Eduardo, su hijo, quien, en varias degustaciones a ciegas, puso a Errázuriz a competir con las instituciones más famosas de todos los tiempos. Y ¡oh sorpresa! Algunas de las etiquetas de Chadwick han sobrepasado a casas como Château Lafite, Château Margaux y Château Latour, de Francia, y Tignanello, Sassicaia, Solaia y Guado al Tasso, de Italia.

Eduardo Guilisasti, otro nombre chileno de gran impacto, es el presidente de Viña Concha y Toro, sin duda la primera bodega exportadora de su madre patria. Con marcas como Don Melchor, Amelia, Casillero del Diablo, Terrunyo, Trío, Sunrise y Frontera, Concha y Toro ha conquistado los paladares de cientos de miles de consumidores en 130 países. La apuesta de Guilisasti ha girado en torno a los vinos de consumo frecuente y para todas las ocasiones.

Robert Parker, abogado estadounidense, se ha convertido en el dueño de la nariz mejor cotizada de todos los tiempos. Nacido en Baltimore, Maryland —e hijo de un productor de leche—, Parker llegó al vino a una edad adulta. Gracias a su habilidad para olfatear se convirtió en una autoridad mundial, con énfasis en Burdeos y Borgoña. Hoy día sus dictámenes, apoyado por un equipo de altos catadores, cubren todas las naciones productoras.

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Michel Rolland, enólogo francés, es reconocido como el más insigne flying winemaker internacional. Es dueño de famosas casas bordelesas como Château Le Bon Pasteur, en Pomerol, y Château Rolland-Maillet, en Saint-Émilion. También tiene intereses en Campo Elíseo, de España, y Mariflor, Yacochuya, Val de Flores y Clos de los Siete, en Argentina. Su asesoría ha contribuido a mejorar la calidad de muchos vinos en el escenario global.

Finalmente está el español Miguel Torres, presidente de las bodegas del mismo nombre, en Cataluña y Chile. Torres fue el abanderado de la transformación de las bodegas chilenas en los años 80, y nunca ha dejado de llevar las riendas de sus negocios en España, donde la marca Torres y Sangre de Toro son de alta admiración en la Península Ibérica.

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