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Luces, cámaras y vinos

28 de marzo de 2015 - 09:00 p. m.

Las últimas discusiones han girado en torno a “Un año en Borgoña”, “Mondovino”, “La obsesión roja”, “El camino del vino” y “Somm”, todos ellos documentales de excelente ejecución, enfocados en aspectos poco conocidos del quehacer vitivinícola.

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El primero ofrece una mirada profunda de la manera como se elaboran algunos de los vinos más costosos de la historia; el segundo se ocupa del sensible tema de la globalización de la bebida y de su peligrosa estandarización; el tercero deja perplejos a los televidentes con la obsesión china por las marcas francesas, que está llevando a varios millonarios asiáticos a comprar célebres chàteaux y trasladarlos, ladrillo por ladrillo, a sus nuevas moradas en Oriente; el cuarto recoge la dramática historia de un sommelier que pierde su habilidad para degustar y el quinto narra la odisea de convertirse en master sommelier, cúspide de una profesión a la que muchos quieren llegar, pero pocos (poquísimos) alcanzarán.

Tampoco pude evitar sentarme a ver dos veces la película “Bottle shock” (traducida como “Guerra de vinos”), que narra la historia de Jim y Bo Barrett, dos californianos que terminaron derrotando a los franceses en una célebre degustación a ciegas en París. Mi detonante fue profesional, porque dos días después hube de sentarme con el Bo verdadero para conocer de viva voz los hechos reales que contribuyeron a desarrollar el guión de dicha cinta, en la que su Château Montelena Chardonnay 1973 saltó a la fama ante la sorpresa de los mismos jurados franceses que lo eligieron. Desde entonces, los vinos californianos se perciben de otra forma.

Años atrás fueron de obligatoria asistencia producciones como “Entre copas”, “Un buen año”, “Una paseo por las nubes”, “El secreto de Santa Bibiana”, “Sangre y vino”, “El año del cometa”, “El beso francés”, “Julie y Julia”, “Cuento de otoño”, “Esta tierra es mía”, “Tú serás mon fils”, “From ground to glass”, “Corked”, “Bon appétit” y otras más, que, cada una a su manera, han dejado huella (leve o profunda) entre miles de aficionados al cine y a la bebida.

De alguna forma, el cine y la televisión nos han brindado la oportunidad de explorar los secretos de una vivencia social y cultural que, dada nuestra ubicación en el cinturón ecuatorial y tropical, sentimos lejana y ajena al diario vivir.

Más allá de todos estos testimonios, el cine y el vino pueden llegar a tener una relación todavía más estrecha, como se propone demostrarlo en abril Wines of Argentina —ente promotor de los vinos del país sudamericano—, con su campaña “Luces, Cámara, Malbec”.

La idea es explorar la afinidad intrínseca entre dos laboriosidades (hacer cine y hacer vino) como elemento central de las actividades programadas para conmemorar el Día Mundial del Malbec (17 de abril) en 64 ciudades de 50 países. Bogotá y otras capitales colombianas se unirán al coro.

Para Wines of Argentina, hacer cine implica crear experiencias audiovisuales, contar historias, agudizar percepciones del mundo e inventar estimulantes atmósferas. De la misma manera, la entidad ve el vino —y en este caso particular el Malbec— como un hondo reflejo del espíritu argentino y como agente creador de atmósferas íntimas que refuerzan vínculos, aportan calidez y confianza y potencian la percepción sensorial de lo que nos rodea.

El cine, argumenta Wines of Argentina, engloba disciplinas como fotografía, literatura, música, actuación y montaje, mientras que el arte de hacer un buen Malbec exige conocimiento de climas, geografías, suelos, subsuelos, métodos y procesos, simbolizando —igual que el cine— un carácter cultural, una pasión y una manifestación del entorno.

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Tres cortometrajes (“Carrusel”, “Corazón viñatero” y “Amor en barrica de roble”), seleccionados entre varias propuestas, recogerán todos los anteriores elementos y se exhibirán, con degustación de por medio, en teatros, restaurantes, hoteles y embajadas en los cinco continentes.

Para los bodegueros argentinos, abril brindará un doble motivo para festejar, con una copa de Malbec en la mano, lo que nos han dejado el cine y las artes audiovisuales.

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