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Lujos asequibles

11 de junio de 2016 - 09:00 p. m.

El comentarista Ray Isle, de la revista Food & Wine, escribió hace algún tiempo un excelente artículo titulado “50 vinos en los que usted siempre podrá confiar”.

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Para Isle, siempre resulta más fácil encontrar grandes vinos por cientos o miles de dólares. Lo trabajoso es descubrir pequeñas joyas por US$20 o menos.

En su momento, Isle incluyó vinos de California con algunas adiciones de Australia, Nueva Zelandia, Francia, España, Italia, Chile y Argentina. Hasta ese instante, dentro de España, pocas bodegas encajaban dentro de la categoría de dar más por menos. Pero un grupo de ellas ya comenzaba a llamar la atención.

En 2015, la publicación Wine Advocate, del crítico estadounidense Robert Parker, designó a Pruno, de Finca Villaveces (Ribera del Duero), como el mejor vino del mundo por su relación calidad-precio (menos de US$20). Pruno es una de las marcas del Grupo Artevino, cuyo foco principal es generar una percepción de valor por encima de lo que cobra por cada botella.

El impacto de Pruno fue inmediato: para empezar, desapareció rápidamente de las estanterías y de los inventarios disponibles de Finca Villaveces. Una curiosidad: el Corte Inglés, por ejemplo, vendió en una semana todas las existencias de Pruno que había comprado para todo un año.

Además de Pruno, otras marcas de Artevino, como Izadi, Vetus y Orben, disfrutaron de este auge y ratificaron la estrategia insignia de promover en el vino “lujos asequibles”.

Además del pronunciamiento de Parker, la publicación española Guía Peñín destacó los esfuerzos de democratización de precios de Artevino y le reconoció, con máximos puntajes, la calidad de todos sus vinos.

¿Dónde radica el secreto? (porque hacer vinos de estas características no es económico). Justamente esa fue la pregunta que le disparé a Lalo Antón, director general de Artevino, quien visitó la semana pasada Bogotá y Medellín.

La historia es sencilla: entregar en el nicho de “vinos comprables” lo mejor de sus viñedos y de sus procesos de elaboración.

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Para el consumidor, la experiencia se traduce en disfrute y placer, y en una facilidad de consumo poco común en los vinos de calidad superior.

En la medida en que uno se adentra en la historia familiar es fácil apreciar que existe toda una filosofía de vida, inspirada por un abuelo abnegado y trabajador, nacido en Villabuena de Ávala, en la Rioja Alavesa.

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Esta misma actitud la heredó Gonzalo, padre de Lalo, quien se inició como mesero en típicos comederos vascos. Al hacerse mayor, Gonzalo montó un pequeño imperio de hostelería y restauración, donde cada parador y cada plato ofrece más de lo que el cliente paga. Y de ahí saltó al mundo vitivinícola con la idea de elaborar vinos para comer.

Esa actitud le permitió ganarse la confianza de célebres figuras de la gastronomía española como Martín Berasitegui y Ferran Adrià.

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Como buenos lugareños, los Antón trasladaron su tren de pasiones al fútbol con el propósito de transformar al Deportivo Alavés -un equipo local modesto de las divisiones inferiores- en protagonista de las grandes ligas europeas.

En 2001, de la mano de los Antón, el Deportivo Alavés disputó la final la Copa de la UEFA frente al Liverpool. Perdió 5-4, cuando un defensa, en su intento por despejar un balón, marcó un gol de oro contra su misma portería.

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“Todo se puede”, dice Antón, al puntualizar que los sueños y los lujos asequibles siempre se pueden alcanzar.

 

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