Para celebrar en las fiestas, una de las champañas más deseadas del mundo y dos ediciones especiales de whisky.
Aún no ha terminado noviembre y el espíritu navideño comienza a brillar con luz propia. El ambiente de celebración cobra especial significado en un año donde las amenazas externas nos mantuvieron al borde de la silla durante varios meses.
La ocasión invitará a abrir más de una botella del vino de burbujas. Hace poco tuve la oportunidad de probar el Bollinger La Grande Année 1999 y lo primero que me sorprendió fue su frescura, no obstante haber sido vinificado y embotellado hace más de 10 años. Este vino —un corte de Chardonnay (63%) y Pinot Noir (37%)— se elabora solamente con uvas de viñedos Crus o Premier Crus, es decir, lo mejor que da la tierra. Además de estas cepas excepcionales, el Bollinger también combina atributos como el terroir inimitable e irrepetible de Aÿ, en Marne, y unas técnicas propias de elaboración, que nadie más utiliza.
El mosto se fermenta en pequeñas barricas de roble francés, de más de cinco años de uso, para aportarle discreción y elegancia, y, a la vez, reducir, al máximo, las sensaciones maderadas y tánicas del roble nuevo.
Otro detalle distintivo es que la segunda fermentación (para obtener las burbujas) se hace en botellas protegidas con corcho natural y no con tapa metálica, como lo hacen los demás productores del mundo. Además, a diferencia de otros vinos espumantes, que requieren temperaturas de servicio de entre 5 y 8º centígrados, el Bollinger puede verterse en la copa a 10 o más grados, para que exprese toda su encantadora riqueza aromática y gustativa.
La unión de todos estos insumos y destrezas únicas convierte a Bollinger en uno de los champán más deseados del mundo. La marca cuenta, por ejemplo, con el respaldo de los monarcas ingleses desde 1884, y ha sido la bebida de rigor del Agente 007 cuando se toma un momento libre y romántico en su agenda de intriga y acción. Pero quizá lo que más me sorprendió fue su precio: alrededor de $250.000. Otras grandes marcas francesas sobrepasan los US$1.000 por unidad. Pero si alguien quiere celebrar con algo especial y fuera de lo común, la Bollinger La Grand Année es una opción atractiva.
Otra novedad de fin de año la constituyen dos ediciones especiales Johnnie Walker Red Label y Black Label, los hermanos menores de una familia de whiskies escoceses de tradición, que incluye el Etiqueta Dorada, el Etiqueta Verde, el Etiqueta Azul y el Johnnie Walker Blue King George the V.
El Etiqueta Roja, nunca antes se había vestido de gala. Con motivo de la celebración de su primer centenario, presenta una botella de buen porte y una etiqueta de mejor textura. Viene empacado en una caja de lujo. Sin duda, se trata de un motivo especial para esta marca, que encabeza el listado de los whiskies más vendido del mundo. ¿El precio? Menos de $50.000.
Para no quedarse atrás en la conmemoración centenaria, el Etiqueta Negra 12 años también se ha puesto esmoquin, justo para estar a la altura de la ocasión. Viene en una espigada e imponente botella negra, con letras en oro. Se trata de una edición limitada, cuyo costo, en Colombia, será de $79.000.
El Red Label nació en 1909 como resultado de mezclar los 35 mejores whiskies de grano y malta producidos por la legendaria casa escocesa. El Black, aunque su formulación data de 1820 y contiene un blend de los 40 mejores whiskies de malta y grano de la destilería, también celebra un siglo de existencia como marca.
Otra razón para celebrar en estas épocas de ansiedades comprimidas es la reciente celebración, en Bogotá, de la llamada “Cata de Berlín”, una degustación a ciegas que enfrenta a los vinos del Viejo Mundo con los del Nuevo Mundo, en un proceso de calificación a cargo de especialistas.
La iniciativa fue introducida, por primera vez, en 2004, en el Hotel Ritz de la mencionada ciudad alemana, por iniciativa del empresario chileno Eduardo Chadwick, presidente de Viña Errázuriz y Viñedo Chadwick. Su objetivo era demostrar que los vinos de su país podían competir, codo a codo, con las etiquetas más prestigiosas del mundo.
En Bogotá se enfrentaron seis vinos chilenos, seis franceses y cuatro italianos, correspondientes a las cosechas de 2000 y 2001. Entre los clásicos europeos estaban Château Lafite, Château Margaux, Château Latour, de Francia, y Tignanello, Sassicaia, Solaia y Guado al Tasso, de Italia. El resultado fue sorprendente: Viñedo Chadwick 2000, de Viña Errázuriz, ocupó el primer lugar, seguido de Seña 2001, otro vino del Cono Sur, producto de una alianza estratégica entre Viña Errázuriz y Robert Mondavi, de California. Los críticos dieron un tercer lugar a Château Lafite 2000. Como era de esperarse, el mundo del vino entró en alboroto. En 2008, Chadwick repitió el ejercicio en la misma ciudad alemana, y los vinos Don Maximiano 2004 y Seña 2005 ocuparon el segundo y cuarto puestos.
El pasado martes, tras un acuerdo entre Chadwick y el empresario colombiano Julio Eduardo Rueda, se realizó una versión similar del evento en el Gun Club, de Bogotá. Cuarenta especialistas calificaron los vinos y le dieron otra vez al Nuevo Mundo los puestos de honor. Más allá de cuáles etiquetas ganaron (ver recuadro), es significativo destacar que, gracias al impulso permanente de amantes del vino como Rueda, Bogotá ha ido consolidando su prestigio como una de las capitales latinoamericanas más atractivas para el consumo de vinos finos. Y eso, de por sí, ya es otro logro.