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Nuevas brisas argentinas

24 de enero de 2015 - 11:55 a. m.

El mapa hasta ahora vigente del vino argentino había tenido como común denominador la elevada y arisca cordillera de los Andes, en cuyas estribaciones más bajas se dibuja un corredor productivo de más de 2.500 kilómetros, que se extiende desde Salta, en el norte, hasta la frontera menos arisca de la región patagónica, en el sur.

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En un escenario así, la vid sobrevive venciendo las inclemencias de un clima caluroso, seco y ventoso, y un suelo pobre, pedregoso y arenoso, producto de desprendimientos y avalanchas. Es un entorno donde el hombre no habitaría ni la flora domesticada existiría —como la vid—, de no ser por el agua emanada del deshielo cordillerano.

Durante cinco siglos, generaciones de viñateros se han entregado a la tarea de ensayar suelos y microclimas cumpliendo una tarea que exige dedicación y paciencia, pues un viñedo sólo comienza a mostrar su potencial desde la tercera cosecha y puede tardar hasta un decenio para estabilizarse.

Hasta hoy, la Argentina del vino ha estado regida por un clima continental, donde los veranos soleados y los cielos diáfanos garantizan homogeneidad en cada recolección. En la gran mayoría de los casos, los granos alcanzan su punto óptimo de maduración, sin los azares de imprevisibles y cambiantes temperaturas. Quizás las heladas y el granizo sean las dos amenazas más frecuentes, pero son relativamente manejables.

Esto da como resultado vinos confiables, provistos de una grata expresión de fruta madura, fáciles de tomar y tan ligeros o complejos como lo decidan los enólogos o los gustos cambiantes del consumidor. En tal contexto, la variación entre cosechas es sólo perceptible para los entendidos.

No satisfechos con estos previsibles resultados, y convencidos de que el subsuelo cordillerano puede esconder maravillas, muchos jóvenes hacedores de vino están dedicando buena parte de su tiempo a auscultar la tierra con el exclusivo propósito de elaborar vinos cada vez más sorprendentes. Y lo han conseguido.

Sin embargo, nunca se habían atrevido a cruzar la inmensa pampa argentina para estudiar el litoral atlántico y probar suerte allí, donde la humedad, la riqueza del suelo y la naturaleza cambiante del clima plantean retos para los cuales la mayoría de los profesionales australes no se han preparado.

Fue justo ese reto el que animó al dúo profesional de Daniel Pi (enólogo) y Marcelo Belmonte (agrónomo), responsables del cultivo de viñedos y elaboración de vinos del poderoso Grupo Peñaflor.

Amparados bajo la reputación de Trapiche —marca líder de Peñaflor—, Pi y Belmonte se la jugaron toda para romper con la tradición del vino argentino, plantando viñedos y montando una bodega cerca del mar. Sin duda, un emprendimiento quimérico. La zona elegida por Pi y Belmonte se conoce con el nombre de Chapadmalal, ubicada a tres kilómetros del océano Atlántico y muy cerca también de la ciudad costera y turística de Mar del Plata.

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Aquí las condiciones climáticas nada tienen que ver con las que imperan en las estribaciones andinas. En Chapadmalal y Mar del Plata predominan el frío y la lluvia. La gran sorpresa es que sus suelos esconden vetas calcáreas, que son como oro en polvo para los viñateros. Justamente esta combinación de clima y características del terruño es lo que ha convertido a Nueva Zelanda en el nuevo paraíso de los vinos blancos y de los tintos ligeros.

Así, pues, Mar y Pampa, nombre del nuevo proyecto, sacará a la luz vinos con características diferenciales a lo que los consumidores del mundo conocen de Argentina. Y eso tiene un valor futuro de imprevisibles consecuencias, porque seguramente otras bodegas y otros enólogos argentinos también se atreverán a desafiar el statu quo. Por ahora Mar y Pampa embotellará blancos ligeros como Riesling, Gewürztraminer, Albariño, Sauvignon Blanc y, por supuesto, Chardonnay de tierra fría. La única tinta que vestirá los colores de Mar y Pampa será la Pinot Noir. Eso sí, y por primera vez en Argentina, las cosechas variarán de un año a otro.

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En el cortísimo plazo, no tendremos estas novedades en nuestro mercado. Pero la nueva brisa argentina llegará tarde o temprano. ¿En Expovinos

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