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Por los caminos del vino

10 de octubre de 2008 - 11:49 p. m.

El recorrido a pie por diferentes viñedos del mundo puede resultar una experiencia muy grata para los amantes de este licor.

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En los campos chilenos hay una gran variedad de  plantas, flores, árboles y arbustos con nombres indígenas. Los recorridos por los viñedos son, según el programa National Geographic Traveler, una travesía inolvidable.

Mis experiencias a pie por los viñedos europeos, argentinos, chilenos y estadounidenses siempre serán momentos de permanente recordación, aunque reconozco que sólo representan pequeñas fracciones de tiempo en mi propia historia. En honor a la verdad, todavía me falta mucho por ver, y por eso quisiera pasar nuevos días entre parras, matorrales, desiertos y casas patronales, con los pies en la tierra y en comunicación apacible y permanente con una naturaleza cada vez más amenazada por la mano del hombre.

Muchas de estas aventuras las viví en la flor de mi vida, cuando no importaba dónde cayera la noche, siempre y cuando hubiera a la mano una botella de vino, una hogaza de pan y buena cantidad de queso y jamón, como en los mejores momentos del medioevo. Eran los días en que mis compañeros de universidad y yo elegíamos pasar vacaciones recogiendo uva en los viñedos por puro gusto al arte. Otras han transcurrido entre fincas de una misma bodega, con eventuales aventones en carruajes tirados por caballos o en elegantes 4X4, con aire acondicionado a toda marcha y una nevera repleta de fríos espumantes para apaciguar la sed. Y no pocas y prometedoras rutas se han visto frustradas porque mis acompañantes prefirieron sentarse a comer y libar, privilegiando la movilidad sobre ruedas que sobre sus dos extremidades.

En días en que el turismo enológico adquiere creciente importancia en todos los países productores, y cuando las ofertas van desde paseos por tren, avioneta y helicóptero hasta excursiones en motos y carros antiguos, me alegra ver que las ofertas también incluyen recorridos a caballo y en bicicleta y, como más me entusiasma a mí, a pie. He pedaleado cientos de kilómetros por algunas zonas productoras del vino en Europa y América, pero normalmente los desplazamientos han debido hacerse por carreteras transitadas. A pie, en cambio, uno se va adentrando en el corazón del campo, siguiendo caminos que el hombre ha forjado durante siglos. Como esa experiencia, hay pocas.

Hace pocos años recorrí algunos caminos entre los viñedos del Valle de Colchagua (a 200 kilómetros al sur de Santiago). Y la verdad es que me quedé con ganas de más. La ruta era corta y no presentaba muchos desafíos. Ahora mi amigo Thomas Wilkins, quien dirige la Ruta del Vino de esa región productora chilena, ha anexado una senda de trekking alrededor de los cultivos de Viña Montes, en la exclusiva zona de Apalta. Este es un lugar donde uno puede tomar trochas que van desde los 350 metros sobre el nivel del mar hasta los mil metros, donde se ubica la cumbre del cerro Divisadero. Cada recodo del sendero es un festín para los sentidos. El guía se detiene varias veces para mostrar la geografía de los viñedos, pero, sobre todo, para apreciar las cientos de variedades de plantas, flores, árboles y arbustos, cuyos nombres dan testimonio de un pasado indígena todavía presente. Nombres como quillay, patagua y peumo todavía me presentan retos para su traducción.

El recorrido, de un día, termina en el centro de degustación de Viña Montes, donde aguardan un frío y cítrico Sauvignon Blanc de la serie Classic o un copa de Montes Cherub, el rosado de la casa.

En la última semana, la búsqueda de nuevos caminos me llevaron a descubrir un entretenido portal llamado www.winecountrytrekking.com, que, según reza su eslogan, es donde el caminante puede experimentar, literalmente, los “lujos” de andar a pie.

Al mejor estilo europeo, esta compañía se dedica a promover recorridos desde San Francisco hasta distintos puntos de Napa y Sonoma, en el corazón de la California del vino. A diferencia de mis años de estudiante, cuando el sueño se conciliaba en posadas rurales o en graneros, aquí la promesa es dormir en pequeños hoteles de lujo. Los recorridos diarios, igualmente, han sido escogidos para mostrar los más espectaculares paisajes de la zona, entre los cuales hay preciosas vistas de acantilados. Como ningún detalle queda al azar, las rutas cruzan por famosas bodegas y conocidos restaurantes, para asegurar que el aventurero incorpore deliciosas degustaciones y descubra los placeres de una gastronomía variada. Y para asegurar una mayor cercanía e intimidad, la mayoría de los paquetes están dirigidos a grupos de amigos.

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Mientras el caminante cumple recorridos diarios –que oscilan entre cinco y siete horas–, un vehículo se encarga de llevar el equipaje entre los hoteles y sitios de descanso.

Para otro estilo de caminante está Riojatrek, programa que contempla desafiantes caminos y ascensos, hasta llegar a elevaciones de más de 2.000 metros de altura. El recorrido esconde pasos por quebradas, senderos romanos, bosques nativos, cristalinas lagunas, cuevas y cavernas, y numerosas poblaciones que parecen detenidas en el tiempo. Y, por supuesto, se dispone de una interesante selección de posadas y restaurantes locales, y, claro, los interesantes vinos de la zona.

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Algunos de estos caminos, como el de California, han sido calificados por el prestigioso programa National Geographic Traveler como “uno de los 50 recorridos que vale la pena hacer en la vida”. De manera que si se dispone de tiempo –y de un estado físico aceptable–, vale la pena complementar el placer del vino con uno de estos recorridos. Siempre he dicho que uno entiende mejor los aromas y sabores de una copa cuando se palpa la tierra donde las plantas brotaron a la vida.

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