Hace unos ocho años, sentados en un restaurante de Mendoza, José Alberto Zuccardi, el gran bodeguero argentino, me explicaba las razones por las cuales su empresa había firmado un acuerdo con Freddo, fabricante de los admirados helados porteños, para producir una línea basada en las variedades Malbec y Chardonnay. “¿No te sientes traicionando la esencia del vino”, le pregunté. “Para nada”, me respondió. “La esencia de nuestra causa es la uva, la que, entre otras cosas, convertimos en vino. Y si podemos hacer con ella otras cosas, tanto mejor, porque seguiremos protegiéndola, enriqueciendo nuestra civilización y adaptándola a los nuevos tiempos”.
Pensé en Zuccardi cuando conocí recientemente en Bogotá a Carlos Moro, cabeza del Grupo Matarromera, de Ribera del Duero, en España, sin duda uno de los más aventajados innovadores del vino a escala global.
Como muchos otros bodegueros de regiones emblemáticas del vino en el viejo mundo, su familia está ligada a la milenaria actividad desde el siglo XII. Varias generaciones de su familia han trabajado la tierra y la uva, desde las más reconocidas denominaciones de origen de la zona, como, por ejemplo, Ribera del Duero, Rueda, Toro y Cigales.
Durante su infancia, Moro recorrió las fincas de su familia y participó en numerosas vendimias. Incluso, su amor por la tierra lo llevó a formarse como ingeniero agrónomo en los mejores centros de formación de España. Pero cuando llegó la hora de lanzarse a la vida, se inscribió para buscar trabajo como funcionario oficial y escaló posiciones hasta llegar a los más altos cargos de su país y del mundo, incluso como representante de la FAO en Chile y Argentina.
Y pudo haberse mantenido en dicha senda, pero, en 1988, sintió el llamado de la tierra y le propuso a varios amigos suyos secundarlo en la aventura para elaborar vinos, aprovechando el anuncio de su padre de que heredaría las mejores tierras familiares, a lado y lado del histórico Río Duero.
En menos de 20 años, Moro convirtió a su Grupo Matarromera en líder en España.
Montó La bodega del mismo nombre, en Valbuena del Duero. Allí mismo fundó, tiempo después, Bodega Emina, Y en la vecina zona de Olivares del Duero lanzó Rento. Estas tres empresas están dedicadas a sacar el mejor provecho posible de la variedad Tempranillo. Sin excepción, todas han cosechado numerosos reconocimientos internacionales.
En el distrito de Rueda comenzó el proceso de mejorar las prácticas agrícolas para convertir a la variedad blanca Verdejo en una de las cepas estelares de España. Para ello, abrió las puertas de Bodega Emina en Rueda, donde produce blancos y espumoso con base en variedades como Verdejo, Viura, Sauvignon Blanc, Chardonnay y Gewürrztraminer.
En Cigales inició actividades con la bodega Valdelosfrailes, y, enToro, hoy en ascenso constante en España y el mundo, abrió Bodega Cyan, consagrada, igualmente, a vinos tintos de calidad.
Posteriormente arrancó EminaSin, un ambicioso y reconocido emprendimiento para elaborar vinos sin alcohol. Complementó este esfuerzo con Eminazero.0, que, a partir de mosto sin alcohol, saca al mercado vinos tintos, rosados, blancos y espumosos, con la mente puesta en las personas que, por estilo de vida o salud, no consumen productos con alcohol.
Para todo ello estableció una planta de deconstrucción molecular que, muy rápidamente, le dio pie para impulsar un ambicioso proceso de investigación, desarrollo e innovación, que hoy incluye la elaboración de complementos alimenticios, cosméticos de alta gama (Esdor), productos para spas, al igual que moléculas orgánicas para fármacos basados en la uva que propendan por la protección de la salud humana.
Todo esto sin mencionar sus proyectos de enoturismo a la carta, hotelería y restaurantes, todos basados en productos limpios.
Uno podría pensar que Moro ya ha alcanzado un punto de desarrollo difícil de mantener en el tiempo. Pero mira de frente y dice que continuará empeñado en que los vinos, los aceites de oliva, los vinos con y sin alcohol, los cosméticos y las moléculas para fármacos seguirán ampliando sus categorías para beneficio de todos aquellos que quieran recibir de la uva y de la tierra lo mejor de la naturaleza.