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Awá: Hagamos la otra paz

21 de febrero de 2009 - 10:00 p. m.

NOBLEZA OBLIGA. AQUÍ HEMOS CRIticado al sector radical del Polo y a Carlos Gaviria por falta de vehemencia y activismo en la condena a las barbaridades de las Farc contra la población civil.

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Ahora hay que reconocer, tras la matanza de los indígenas awá, que el Polo, a través de su presidente, fue enfático y claro en rechazar este crimen de lesa humanidad. Leo en el Boletín 22 de esta agrupación política que, “el Polo reprueba enfáticamente los actos de barbarie cometidos presuntamente por las Farc y las conmina al cese inmediato de este genocidio”. Más contundente, imposible. La mención del genocidio no es algo de poca monta.

A su vez, el gobernador Navarro Wolff ha sido reiterativo y enfático tanto en la condena, como en su compromiso, pese a los ataques de las Farc contra él y otros miembros de su partido, de proseguir en la tarea de defensa de los indígenas.

Este debería ser un punto de quiebre para hacer una pausa en el proceso de polarización creciente que vivimos. El Gobierno debería recoger y reconocer estas expresiones y aprovechar la ocasión para señalar a la opinión nacional e internacional que todos los demócratas de Colombia, a pesar de sus diferencias, tienen algo en común: la condena contra la barbarie y la reprobación de la alucinante disculpa de las Farc para quien la supuesta colaboración con el Ejército dio lugar a una cobarde ejecución de indígenas desarmados, en un acto que rememora la tragedia de los Jmer Rojos, que ahora viene siendo juzgada por la Corte Penal Internacional.

¿Será mucho pedir? Sabemos que al Gobierno no le gustan los actos ceremoniales en que aparezca al lado de la oposición. Pero la gravedad de los hechos ocurridos en la comunidad awá exigen un comportamiento distinto. No se trata de que las diversas fuerzas políticas desechen sus puntos de contradicción. No se le pide al Gobierno que deje de lado la política de seguridad democrática ni a la oposición que desista de sus tesis sobre el intercambio humanitario. Cada quien mantendría su salvamento de voto dentro de un esquema en el que se preserva y subraya ante el mundo que, como sociedad, más que como estamento político y estatal, estamos unidos contra la atrocidad.

Alguien dirá que esto no sirve para nada. Que a las Farc les resbalan estas manifestaciones. Pero es que una acción de esta naturaleza no va dirigida a las Farc. Su propósito es señalar que este no es un país de cafres, que hay un sustrato común de respeto mínimo a la vida y a la dignidad humana. Es una manifestación de la sociedad para sí misma y para la comunidad mundial. Sin dobleces. Sin pretender una utilización en el terreno de la política interna.

Pudieron Aznar y Zapatero frente al atentado del tren de cercanías. ¿Por qué no nosotros?

Ya que no parece haber forma de hacer la paz con las Farc, ¿por qué no hacemos la paz entre los demás, los que repudiamos la ferocidad?

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Teme Diego López en su artículo de Ámbito Jurídico que la tutela ha dejado de ser el instrumento supremo de la sociedad civil en defensa de sus derechos fundamentales y ha pasado a ser un recurso más en esta maraña que es nuestra justicia, sin carne real, muchas veces basado en procesalismos inocuos. Es verdad. Vale la reflexión. Salvemos el limpio espíritu original de la tutela.

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