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‘Cano’, candidato conservador

31 de enero de 2009 - 10:00 p. m.

ANDA EL PARTIDO CONSERVADOR en la tarea de discutir su candidato. Les sugiero que piensen en Alfonso Cano.

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En efecto, las Farc ha sido la más portentosa fuerza conservadora en el pasado reciente de Colombia.

A consecuencia de sus salvajes atentados contra todo, particularmente contra la población civil inerme, las Farc desmantelaron el movimiento sindical. En el disco duro de los colombianos se generó un circuito perverso que actuaba de manera automática, de igual modo que los perritos de Pavlov secretaban jugos gástricos cuando sonaba la campana. La protesta se asimilaba a violencia y violencia se asimilaba a Farc. En ese circuito perverso, si algo faltara, la infiltración de fuerzas oscuras en las manifestaciones sindicales terminaba reforzando el reflejo condicionado. El sindicalismo privado prefirió comer callado y sentarse a discutir en la mesa de los salarios. Y el público mantuvo viva alguna llama de rebeldía, pero en condiciones precarias, contra la pared.

Otra víctima: la izquierda democrática. Por cuenta de las Farc, la derecha se ahorró el paso por movimientos populistas, progresistas o de izquierda moderada, que aun con sus defectos, en el resto de Latinoamérica lograron cristalizar momentos de reivindicación social.

A partir de su nacimiento, las Farc suturaron la posibilidad de un régimen agrarista como el de Jacobo Árbenz en Guatemala, o el proceso de nacionalizaciones comandado por Velasco Alvarado en el Perú, o un Lázaro Cárdenas en Méjico, el peronismo en Argentina, Allende en Chile, Vargas en Brasil. Para un liberal de centro, esto es posiblemente, en algunos de los casos, un alivio. Pero no hay duda: si alguien tiene que agradecerle a las Farc es precisamente esa llamada “oligarquía que ha detentado el poder burocrático por décadas”, como dirían las propias Farc en su jerga. Más que la pretendida tradición centrista y demoliberal de los colombianos, son las Farc las que nos han librado de Castro, Chávez y Correa.

Las Farc, por paradoja, han atornillado en el poder aquello que más detestan: dependencia de los Estados Unidos, economía abierta a la inversión extrajera, repudio a cualquier cosa que suene a protesta y desorden.

Las Farc han evitado un estallido social en Colombia. No es improbable que la crisis económica que ahora comienza pase también sin alterar sustancialmente las relaciones de poder en la sociedad, mientras las Farc sigan asaltando pueblos, matando niños, secuestrando, extorsionando y poniendo bombas.

Para colocar esta reflexión en términos contemporáneos, es también claro que la combinación de formas de lucha, originada bajo la inspiración de Jacobo Arenas, fue factor determinante en la carnicería contra la UP, como lo tiene magistralmente descrito Dudley en su reciente obra Urnas y armas.

Y, por fin, el Polo Democrático ha sufrido también el efecto de llevar sobre sus hombros las secuelas de ese terror a la izquierda que han generado los abusos de las Farc. Hasta el punto de serios problemas intestinos por cuenta del volumen y la vehemencia de las condenas a esa saga de sangre y fuego a la que nos han sometido a los colombianos.

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