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Chuzadas

02 de mayo de 2009 - 12:36 a. m.

CHUZADAS HEMOS TENIDO ANtes. Pero a diferencia de ahora, se ha tratado de acontecimientos esporádicos. Injustificable pero, por fortuna, desvertebrado.

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Lo de ahora acumula dos fenómenos: chuzadas que obedecen a un plan siniestro, que degeneraron en física venta de información. En el primer núcleo, hay método, organización, logística, utilización planificada de dineros públicos y, sin duda, un propósito. No se trata de agentes lambones para cortejar a sus jefes con información reservada. En particular, el caso de la Corte Suprema de Justicia, donde la intimidad de los dos tercios de sus miembros ha sido menoscabada hasta extremos inverosímiles, es de una seriedad enorme. Estamos en presencia de un golpe horrendo en la raíz misma del Estado de derecho. Toda una rama del poder sometida a un indigno escrutinio es algo que debería estremecer hasta los cimientos a la sociedad colombiana. Hay situaciones especialmente graves: la Unidad de Inteligencia financiera del Ministerio de Hacienda, que debe reportar transacciones sospechosas a la Fiscalía, y sólo a ella, resolvió sin pestañear brindar los registros de las operaciones bancarias de los magistrados, no a la justicia, como manda la ley, sino al DAS, esto es, a la misma rama ejecutiva, nada menos que a un departamento dependiente en forma directa del Presidente de la República.

De contera, como si algo faltara en este tenebroso episodio, también hay escuchas de las conversaciones de jefes de la oposición, candidatos presidenciales, generales y periodistas.

El nuevo director del DAS ha obrado en forma correcta en la órbita administrativa. Pero es una respuesta insuficiente. El Fiscal, por fortuna, que ha mostrado decisión en casos que involucran Derechos Humanos, está lealmente decidido a llegar al fondo. Por eso ofreció negociar con los involucrados. Todo depende de que logre recoger las pruebas que desnuden los autores intelectuales de este episodio.

Porque es evidente que la información tenía un alto destinatario. Y es esencial para la suerte de la democracia, conocer quién es y castigarlo severamente.

Desde el Gobierno, además de las decisiones del director del DAS, se requieren manifestaciones y acciones de fondo. Es preciso que venga una seria pedagogía oficial que advierta que estos hechos no serán tolerados. Se requiere la voz expresa y firme del Presidente de la República. Leí a un jovencito de una conocida Fundación, minimizando el asunto y señalando que todo país necesita espías. Claro. Pero para enterarse de las acciones de los enemigos. Lo que faltaba: ¡La Corte como enemiga del Estado!

A raíz de las manifestaciones hechas por César Gaviria sobre esta dolorosa materia, se han inundado los blogs de los medios con insultos al ex presidente y, de paso, al actual presidente. Es una mala manera de enfrentar este asunto. Es un modo de trivializar lo acontecido, que rebasa de lejos la órbita de estos dos importantes personajes de la vida pública. Rebasa, incluso, el esquema de confrontación entre el Gobierno y la oposición. Condenar, erradicar e impedir de nuevo la ocurrencia de estos fatídicos hechos, debe ser un propósito de fondo de los partidos, del Estado y de la comunidad toda.

Un mensaje de solidaridad para las víctimas. Una voz de aliento para la Corte.

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