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Estimado Iván

19 de agosto de 2018 - 12:00 a. m.

A estas alturas habrás tenido oportunidad de conocer la decisión de la Corte Constitucional. En esencia, se mantienen las normas básicas de lo acordado y dado a conocer en el Teatro Colón.

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Es una buena noticia, Iván. Primero, es rigurosamente sólida en el plano de la técnica jurídica. Segundo, tiene el enorme valor de reafirmar principios y valores superiores como el respeto a la palabra del Estado. Y, por fin, es conveniente y trascendental porque crea un marco de estabilidad que debe ser un punto de encuentro en los colombianos, en un ejercicio de acatamiento de la sentencia como corresponde a un Estado de derecho.

Durante la campaña tú pregonaste la necesidad de introducir cambios sustanciales al Acuerdo. Y ganaste. A la luz de una visión mecánica, podría sostenerse que tienes un mandato para hacerlo. No obstante, también durante ese mismo ejercicio electoral, sostuve que criterios superiores como los que ahora acoge la Corte, que preservan el Acuerdo, teñían tu propuesta con un halo de invalidez jurídica y moral.

Eres un hombre de suerte. La decisión de la Corte es una oportunidad para que hagas una reflexión profunda, alejado de la pasión de muchos de los que te rodean. La Corte te ha señalado el camino para pasar la página. Y en vez de perder energía y tiempo en la resurrección de viejas disputas, abrir el espacio para una verdadera agenda de futuro.

Como en la campaña machacaste que mi edad excede de lejos a la tuya, creo que eso me permite darte un consejo. No olvides que no serás reelegido. Si insistes en presentar normas constitucionales que a juzgar por la decisión del jueves pasado van a ser inconstitucionales, te gastarás un año en ese empeño inútil. Y luego otro semestre en los desarrollos legales. En ese momento, el sol se colocará a tus espaldas. Te convertirás progresivamente en un lame duck que habrá perdido la enorme oportunidad que te dio la vida.

Perdóname que te diga esto: si trasladas tu memoria a esta fecha de 1991, recordarás que Gaviria había ya tejido una agenda de futuro, transformadora, teníamos un país permeado por el anhelo del cambio. Aun con las falencias posteriores, tienes que convenir, Iván, que el país después de 1991 cambió. De una sociedad homogénea, urbana, aspiracionalmente blanca, católica, heterosexual, pasamos a redescubrirnos en el carácter multiétnico, pluralista e incluyente. Pasamos de la caridad a los derechos.

Sostuviste que contigo venía un cambio generacional. ¿En serio crees que eso va a ser cierto si continúas atado al remolino de las controversias pasadas? Un cambio generacional no es el resultado ciego de una cifra. No es resultado ciego de la partida de nacimiento de tus ministros. Puedes lograrlo si miras al futuro, a tu economía naranja, a recuperar el talante liberal que tenías cuando tertuliábamos en Washington, a unir de verdad a los colombianos, pero comenzando por la Colombia invisible y no limitándote a un Frente Nacional con tres expresidentes.

Has tenido que afrontar el déjà vu. Pie de fuerza para el Catatumbo, posible glifosato, Mocoa y Vichada inundadas. Hay anuncios interesantes. Pero no se ve aún la ilusión de tu anunciado cambio generacional. No has logrado agarrar el futuro.

Para lo que anunciaste y ganaste, no te basta con administrar. Te toca gobernar, mi querido Maestro.

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