COLOMBIA SE LLEVA EL CAMPEO- nato mundial en presencia del dinero negro en las campañas políticas.
Pero la otra cara de la luna es la utilización de dinero limpio para influir en la formulación de políticas públicas, algo que no se limita a este país. Entre nosotros, este tema había sido tocado apenas de manera tangencial e intuitiva.
Una reciente y seria investigación de la Universidad de Estocolmo, dirigida por Nubia Evertsson, basada en 302 encuestas a empresas (donantes y no-donantes), muestra de manera clara que la gran mayoría, el 94,4%, considera que los aportes a las campañas son una práctica de corrupción. Y un llamativo 45,8% manifestó estar de acuerdo, en forma parcial o total, con la afirmación de que las donaciones corresponden a una forma de soborno. Púdicamente, el 96% dijo que es mejor entregar donaciones que sobornos.
No es la ideología ni una política definida en esta materia la que prima al hacer aportes. Muchos apoyan a candidatos de diverso signo, imperan las relaciones personales y los intereses empresariales a la hora de definir los patrocinios. 38,4% de los encuestados aducen que sus empresas entregan donaciones para favorecer a sus familiares o amigos; 15,8% porque esperan recibir algo a cambio y 16,4% porque esto hace parte de su responsabilidad social.
En relación con el nivel de influencia sobre la legislación general mediante auxilios a las campañas, las respuestas fueron las siguientes: En cuanto a los alcaldes, 49,5% de los encuestados cree que la influencia alcanzada puede ser mucha o moderada. 19,3% cree que es poca o ninguna. Sobre el Presidente, 43,1% dice que mucha o moderada, mientras el 33,9 afirma que poca o ninguna.
Por sectores empresariales, se observa que para los encuestados los contratistas estatales, las multinacionales y los grandes grupos empresariales son los que derivan la mayor influencia de las donaciones: 81,1%, 84,2% y 90,7% respectivamente.
El problema no es sólo de Colombia. Pero el problema existe. Y no se limita al dinero negro de los narcos. La plata decente también tiene su lado preocupante. Hay un elemento plutocrático en la financiación de campañas, un te doy para que me des que afecta la solvencia ética de la democracia electoral.
La receta de la financiación pública única no es eficaz. Continuará sumándose a ésta la financiación perversa. No hay soluciones milagrosas. Pero debemos continuar en la tarea de hacer pública la financiación, robustecer el control de una autoridad electoral independiente y, sobre todo, crear conciencia ciudadana.
Frente a esto último, no es bueno decir que, en el caso del referendo, el problema es sólo del doctor Giraldo Hurtado. Que lo sancionen a él y aquí no ha pasado nada. Más allá de si a los conjueces se les fue la mano, los referendos son herramientas ciudadanas, no instrumentos de personas con bolsillos poderosos y contratos importantes. La Corte Constitucional deberá examinar qué efecto tiene sobre la ley aprobada, la incapacidad del Consejo Electoral para definir las supuestas violaciones, si se exigía un pronunciamiento previo y si, por fin, de ser ciertas las acusaciones, qué grado de incidencia tienen en la validez del proceso.
Pero no es un asunto menor.