EN LIBRO PRÓXIMO A SALIR, JUAN Manuel Charry compila varias entrevistas con constitucionalistas colombianos.
Allí, el ex presidente López Michelsen recuerda su famoso discurso de Medellín en el cual, luego de asegurar que el panorama institucional colombiano era desalentador, porque sólo se veían ruinas a lado y lado, con la sabrosa ironía que lo caracterizó, dijo López lo siguiente:
“La expresión “desinstitucionalización” la acuñé como presidente en un discurso en Medellín. Me ridiculizaron en la prensa diciendo que la desinstitucionalización era comparable a aquello del arzobispo de Constantinopla que quería desconstatinopolizar, que eran términos de jerigonza. Sin embargo, lo que se estaba cumpliendo en esa época era el fenómeno de la desinstitucionalización”.
El asunto parece bastante actual como lo recordó hace poco Andrés Hoyos en El Espectador. Pero lo más grave no es que tengamos desarreglos, que algunos dirán son característicos de un país en la adolescencia, sino que sea la propia clase dirigente, en criticable ejercicio de antropofagia, la que se dedica a destruir lo poco que se ha construido.
Ya de por sí, la idea de modificar al galope la Constitución para cambiar períodos cuya duración determinada es esencial a un sistema presidencial, constituye un desarreglo mayor. Ahora quienes llevan varias décadas pregonando que la Corte Constitucional se ha convertido en un leviatán que todo lo engulle, son los primeros en pedir alocadamente que en el fallo del referendo, por la vía de la modulación, la Corte llegue hasta el punto de modificar el calendario electoral, algo que no se le hubiera ocurrido ni siquiera al caballo de Calígula. El delirio. Los enemigos de la Corte son ahora los que la empujan para que reviente todos los diques. Piden a gritos un fujimorazo judicial en un esperpéntico cambio de posición que envidiaría Houdini.
Pero por el otro lado tampoco el panorama es bueno. Adelanto que no comparto las aseveraciones del Procurador en su reciente concepto. Pero tampoco es sano que salga la jauría a descalificar, no el concepto en sí mismo, sino a la persona de ese funcionario, a quien le atribuyen haber obrado como ventrílocuo del Gobierno. Es la misma jauría que ya nos ha anunciado que si la Corte no tumba el referendo, entonces está comprada por el Gobierno.
¿Cómo puede sobrevivir un país así, si es la propia élite la que destruye el entable con ciego fervor y miope dedicación?
Algo elemental en estos momentos de desinstitucionalización sería al menos acordar que todos acaten el fallo de la Corte cualquiera sea su sentido.
~~~
Como para teatro del absurdo: la oposición lleva meses diciendo que no hay garantías. En desarrollo de su competencia como vocero de la sociedad, el Procurador pide que por razones éticas —no jurídicas— el Presidente en acto unilateral acoja las prohibiciones de la ley de garantías. Y es la propia oposición la que sale a tirarle piedras a una idea razonable. Atacan la iniciativa dizque porque no es jurídica, sin darse cuenta que éste es, precisamente, el mismo argumento de quienes quieren seguir viendo a Uribe desparramado en consejos comunitarios en toda la estepa nacional. ¡Vivir para ver!