ES UN HECHO: LOS ASOMBROSOS avances científicos recientes se deben a la lucidez de genios del tercer mundo.
El primero corre por cuenta del coronel Hugo Chávez. Descubrió que el terremoto de Haití fue producido por un arma secreta del imperialismo norteamericano. Pero el Coronel lo sospechó desde un principio: su teoría es deleznable. ¿Para qué matonear a Haití? Entonces, rápidamente descubrió el móvil. Se trató de una prueba para aplicar esta novedosa arma contra Irán, el verdadero enemigo.
A pesar de la fundamentación indiscutible de este hallazgo, no contó el Coronel con la astucia del Ayatolá Kazem Sedighi, quien refutó de manera aplastante al coronel suramericano. En su homilía de los viernes, Kazem se vino lanza en ristre contra la impúdica vestimenta de las mujeres occidentales. Y previno a sus coterráneas sobre los peligros de la minifalda y la manga sisa. Según él, estas actitudes provocadoras han aumentado el número y la intensidad de las relaciones sexuales. Y es, querido presidente Chávez, el movimiento acumulado de la multiplicidad de orgasmos el que realmente está causando los terremotos. Algo muy obvio, Coronel. Yo de ti destituiría al Ministro del Interior quien, por andar distraído persiguiendo vendedores de helados colombianos, no se percató de algo tan sencillo. Quedaste mal ante el mundo académico.
Allí no para el asunto. Otra revelación: dice Evo Morales que la ingesta de pollos estrogenados es la causante de la homosexualidad. Por aquello de las hormonas femeninas.
Ahora sí que ha cerrado el círculo y la reputación científica del tercer mundo ha quedado a salvo: porque seguramente son los pollos repletos de hormonas femeninas los que inducen a las mujeres iraníes a excederse en orgasmos cósmicos que repercuten en Haití, Chile, China y el resto del planeta.
También ha encontrado el célebre científico boliviano que, parejamente y por igual, el consumo de los pollos también produce calvicie. Es un verdadero alivio para nosotros los calvos. A mí no me ha hecho mucha mella en mi autoestima la ausencia de cabello en la testa, pero es una buena cosa saber que eso no es culpa de alguna tara genética, sino de un simple hábito alimentario. Pero, querido Evo, quisiera preguntarte: ¿Un marica calvo ha tomado doble porción de pollo estrogenado? Porque si no es así, tus sesudas conclusiones comienzan a debilitarse seriamente.
Como a consecuencia de tu tesis, basta dejar de comer pollo para que florezca la cabellera, ya veo que las ventas de rogaines y todos esos otros mejunjes contra la calvicie van a caer dramáticamente. Las acciones de los laboratorios del mundo se desplomarán como piano de cola. Prepárate. Te atacarán los fabricantes gringos y suizos. Por fortuna, tú saldrás a defender tu revolución indígena contra las arremetidas del gran capital multinacional, el imperialismo del hombre blanco y la explotación de los pueblos oprimidos.
Fresco, querido Evo: Chávez estará de tu lado. Ya veremos los Sukoy levantando vuelo, con la bandera del Alba en un alerón, para exterminar todos los pollos estrogenados de Suramérica.
¡Viva la revolución bolivariana!