ES UNA FORTUNA QUE, AL MENOS esta vez, algunos comprendieron la importancia trascendental de la elección de un magistrado de la Corte Constitucional. Este hecho solía pasar desapercibido. Rutina de pan coger. Pero resulta que en el esquema implantado en 1991, es la vida concreta de la gente la que está en manos de la Corte.
Y es por tanto un avance que esta discusión se haya afrontado desde la perspectiva ideológica, más o menos progresismo contra más o menos conservadurismo. Y si, además, el balance en la Corte suele ser 5 votos contra 4, la decisión era crucial. Sería un grave retroceso tener una Corte conservadora.
El problema es que la manera como el Senado elige no permite aclarar realmente el asunto. Está bien que el elector sea el Senado. La Corte Constitucional no es un organismo ordinario de la Rama Judicial. Es un tribunal que, usando razonamientos y herramientas jurídicas, afronta sin embargo las grandes disyuntivas políticas y los desafíos de la ética laica de una nación. Uno que otro desalumbrado ataca a la Corte porque, dice, sus fallos son “políticos”. Claro que sí. Son y deben serlo. Ese es el nombre del juego. Pero no pueden ser politiqueros, destinados a satisfacer pequeñas granjerías minúsculas que son, lamentablemente, la dosis de consumo personal de los políticos.
Pero la falla es que se vota por motivos fútiles. A veces porque el candidato es de cierta región. O amigo de no sé quién. O auspiciado por el dinosaurio de turno. Lo que debería hacerse es un escrutinio riguroso de sus ideas, que incluya toda su vida profesional, que escudriñe sus fallos y opiniones, de modo que se sepa exactamente a quién se elige.
Y es esto lo que da lugar a los sofismas. Uno de ellos, confundir ideas liberales con Partido Liberal. Y, por el contrario, Partido Conservador con oscurantismo sin excepciones.
Lo primero es contraevidente. Para no meternos mentiras, hay que decir que el Partido Liberal ha sido una sombrilla enorme en la que cupieron grandes terratenientes que conspiraron contra la reforma agraria de Carlos Lleras, saurios enormes con bíblicas colas de lagarto, trogloditas de medalla de oro, pasando claro está por el esperpento de varios parapolíticos, aunque estos últimos han preferido acomodarse en todos los sellos partidistas. Parasitismo eficiente se llama esa táctica darwiniana. Por el otro lado, el Partido Conservador alberga gente de ideas de avanzada. Claro que lamentablemente en la penumbra, a la retaguardia de Corzo y Salazar.
Es entonces difícil precisar la orientación exacta del doctor Guerrero. Desde el punto de vista personal, profesional y técnico, su designación es inmejorable. Juega en su favor haber asesorado a la Constituyente al lado de Juan Carlos Esguerra. Y allí trabajó la orfebrería de la tutela. Menudo título en su palmarés. También se dijo que en materia de derechos de la población gay no ha sido propiamente un fascista cavernícola. En todo caso, el que su vida esté ligada al devenir de la Constitución, tranquiliza más de lo que alarma.
Y, por fin, de Guerrero se sabe que no es politiquero. Es un buen augurio. Esperemos que su nombramiento no signifique un retroceso.