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Mi esfuerzo vano, estéril mi pasión

12 de septiembre de 2008 - 11:46 p. m.

ESO ES LO QUE DEBEN ESTAR PENsando los promotores del referendo en pos de una nueva reelección del Presidente, cuando éste le ha pedido al Congreso que haga a un lado la iniciativa si perjudica el trámite de las reformas política y judicial. Pero pese a ello, amplios sectores creen que se trata de una petición aparente y que el juego de la reelección sigue vivo.

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El hecho es que más allá de las incidencias legales que parecen obligar al Congreso a seguir con el trámite del referendo, éste no será aprobado si no media la férrea voluntad presidencial de empujarlo, ganar y obrar en consecuencia.

He pertenecido desde hace meses a una clara minoría: quienes hemos pensado que Uribe no buscaría a la postre un nuevo mandato. Primero, porque es consciente del ambiente de división irreconciliable que crearía, o ahondaría, un decisión de esa naturaleza. Uribe sabe que no basta con el simplismo de afirmar que la voz del pueblo es la voz de Dios, si esa voz nos lleva a una república invivible.

Pero además, el propio Uribe sabe que la mejor manera de arruinar su legado histórico es permanecer en el poder tras un segundo cambio de las reglas constitucionales. El primer cambio superó las críticas porque parecía un paso indispensable en un momento crucial de la nación. El segundo, tendría más cara de chavismo alborotado que de republicanismo democrático.

¿Entonces por qué no habló antes?

Sencillamente porque la sola recolección de firmas le ha servido como una fuerte herramienta política. Buena parte de la oposición ha cometido el error de centrar toda su artillería en mostrar a Uribe como un delincuente. No sólo no lo ha logrado (y no creo que lo vaya a lograr dada la desmesura del empeño) sino que ha impedido que un análisis más razonable permitiera contrastar los aciertos de Uribe con sus errores, que los tiene, aunque sigo pensando que ha hecho una gran administración, con excepción de la turbulenta época reciente cuando la diatriba opacó la acción de gobierno.

El empecinamiento de esa parte de la oposición galvanizó las fuerzas uribistas. En ese entorno, mostrar un fuerte apoyo popular, ya no en los abstractos números de las encuestas sino con firmantes de carne y hueso, es un poderoso argumento político. Además, permite que ahora aparezca magnánimo y generoso. Una solicitud de suspender la recolección, formulada antes de la presentación del proyecto, hubiese sido importante, pero no impactante.

Por otro lado, queda en pie la hipótesis de la reelección en el 2014, bien continuando con el referendo, o tramitando simplemente una reforma constitucional por el camino ordinario.

Con la prohibición absoluta de la reelección en el 91, los ex presidentes quedaron convertidos en “muebles viejos”. Lo que les daba un poder especial como miembros del clan de los sabios de la tribu era la potencia propincua de volver a ser elegidos. Si Uribe rescata el sistema de 1886, reelección tras un período, logrará mantener su poder más allá del 7 de agosto del 2010.

Ese puede ser el verdadero nombre del juego.

Entre tanto, si la manifestación de Uribe es cierta, y no un simple farol táctico, entonces sería también el esperado banderazo para que comience muy pronto la campaña presidencial, adobada ahora por la presencia de nuevos —y sobre todo nuevas— delfines y delfinas del uribismo.

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