NO ES EL JUAN LOZANO QUE CONOZco, hombre serio y ponderado. La arremetida contra tres ministros es injustificada. Ataque precoz, sin duda, cuando estos ciudadanos apenas se aprestan a cumplir su tarea.
¿Por qué no dejamos que siquiera pasen el período de prueba antes de hacerles la evaluación? Lo verdaderamente alucinante de la diatriba de Lozano es que las emprende contra el Minhacienda por la revaluación del peso, algo que el Gobierno del que formó parte no pudo controlar. Y lo de Minprotección sí que es patético. El desempleo carcomió la economía bajo el doctor Palacio sin una sola queja del actual Presidente del Partido de la U.
Pero este es pan y circo para diversión de la galería, mientras pasan por nuestra nariz los temas verdaderamente importantes. Alberto Carrasquilla ha tocado en El Espectador un serio problema: cuenta cómo la calidad de nuestra educación sigue en niveles lamentables. En el caso de las universidades, un conocido ranking muestra que la Universidad de los Andes, la mejor clasificada, no está entre las primeras 500 mientras que varios países asiáticos tienen varias entre las 100 primeras. El ex director del Sena ha expuesto una idea semejante.
Pedro Gómez, a raíz del Premio Compartir, ha señalado que aunque la cobertura se ha expandido, la calidad sigue siendo baja. Digamos que ya todo esto es conocido. Y que, pese a los esfuerzos, la situación no ha variado sustancialmente.
Pero hay algo más de fondo, aunque no se pueda medir en cifras ni haga parte de ranking alguno: el sistema educativo colombiano es una fuente de división entre los colombianos y se ha constituido en el gran destructor de tejido social. Una educación privada a la cual se accede por razones de discriminación económica y de clase social, al lado de la educación pobre para los pobres, ha traído como resultado el aumento de la fragmentación de la sociedad.
Digamos que la sociedad sin clases es una utopía, y que más o menos hay élites en todo el mundo. Pero aquí ya no estamos hablando de eso, sino de la existencia de mundos paralelos. Hace relativamente poco tiempo, todos terminábamos estudios en colegios policlasistas, así fuesen regentados por comunidades religiosas. La concesión que hizo el Estado al sector privado, por meritorio que éste sea, ha significado una grave mutación en el papel integrador de la sociedad. La solución es compleja porque sería reprochable limitar el derecho de los privados.
La solución es compleja y no pasa ya por limitar los privados sino por alcanzar niveles de excelencia en lo público. Un chico de los colegios de alta alcurnia, realmente no comparte casi valor alguno con el resto de su generación. Ni memoria colectiva, ni lazos profundos y ni siquiera (ya casi) una cultura común. Más allá de algunos símbolos patrios, no hay verdaderos lazos de solidaridad que hagan, ya no vigente, sino al menos previsible, la existencia de una nacionalidad compartida. Las mesnadas de pobres que habitan la otra Colombia son tan extranjeros como un extraterrestre. Cuando la educación ha sido para muchas sociedades el punto de encuentro, en la Colombia de hoy es el mayor instrumento de discriminación. Los dados nacen cargados. Dime el nombre de tu colegio y te diré quién eres. Y, sobre todo, quién serás.