EL REFERENDO REELECCIONISTA, que comenzó siendo algo serio pero discutible, se ha convertido en una iniciativa indiscutiblemente chapucera.
No lo digo por su fundamento político. Uribe ha hecho un buen gobierno, aunque criticable recientemente por acontecimientos conocidos. Que el pueblo decida no es un sacrilegio, aunque muchos creemos que la democracia no es sólo popularidad, sino también respeto a las minorías, alternabilidad en el mando y división pluralista de las fuentes de poder.
No. La chapuza arranca con la impericia de quienes ni siquiera pudieron concebir una pregunta que no dejara dudas. Hay un galimatías gramatical que ha permitido, cáspita, que en semejante tema el resultado pueda ser contrario a la idea de promotores y firmantes.
Pero resulta, además, que un parágrafo de la Constitución, que fue la garantía suprema de que no habría nueva reelección, seguirá vigente, produciendo, en medio de una carcajada universal, el macondiano efecto de que sólo servirá para que se reelija casi cualquiera, menos Uribe.
Hay que cambiar la pregunta, dice uno de los sabios que nos metió en este follón bíblico. Y, agrega, si el Congreso no funciona, iremos al pueblo. Pero, dejando de lado provisionalmente las objeciones, ¿es válido que alguien recoja firmas y luego, por sí y ante sí, decida cambiar la pregunta y se dirija al pueblo, dándole un golpe de estado al escuálido Congreso?
Perdón. Una cosa es que Uribe sea respetable. Pero no es respetable este juego con las instituciones, donde con la habilidad del saltimbanqui de feria, se nos pregunta: ¿dónde está la bolita?
Malo que se pregunte lo que no es. Malo que Cambio Radical diga que vota sí, pero cree no. Malo que se aspire a que sea una Corte Constitucional que se elegirá bajo la impronta de esta discusión la que tenga que desenredar el nudo fabricado por políticos cínicos. Ninguna Corte sería capaz de reponerse de ese pecado original. Es un camino bastante irresponsable poner a la gente a votar a ciegas para que decidan nueve magistrados.
Uribe debe decidir. Cambio Radical no puede mamar gallo. Es legítimo que no quiera un Uribe III en 2010, pero que lo diga. Que no venga con la untuosa retórica de decir que acata la voz del pueblo, cuando simplemente quiere degollar al Presidente. Y que los promotores acepten que la embarraron y que se someterán rigurosamente a la legalidad, sin piruetas ni juegos florales.
¿Qué quiere Uribe?
Si remedo de hojalata de los sátrapas latinoamericanos, que permita el mamarracho de referendo que tenemos al frente. O, por Dios, ¿quiere llegar a ser estatua viviente? Que diga sin vacilación que dejará el poder en 2010. Se colmará de gloria.
Entre tanto, todo esto no sólo es risible, sino un juego malévolo en el que las instituciones son apenas el cubo de Rubick de ambiciones pasajeras.
Este referendo es la mayor metida de pata de la historia nacional.