El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Soltó la gata

12 de junio de 2010 - 07:55 p. m.

EN EL DEBATE DEL JUEVES, MOCkus salió a jugarse el todo por el todo. Modificó su estrategia. Puso en jaque a Santos. Pero lo que no creo es que haya ganado votos.

PUBLICIDAD

Caracterizó a Santos como miembro de una casta corrupta. Ha sido éste un argumento polimorfo en Colombia. Lo usó Gaitán contra los mismos apellidos que hoy son la avanzada de la aristocracia en la política: Santos, Lleras, López. Disparando de abajo hacia arriba.

Lo utilizaron los aristócratas contra su antiguo operador político: Turbay, el contador público juramentado que, cuando se fatigó de hacer mandados ajenos, recibió cargas de fusilería que incluso lo calificaban de esmeraldero. Disparando de arriba hacia abajo.

Lo usó Galán contra otro López desde su barricada de clase media ilustrada: fuego travesero.

Y ahora el matemático, disparando desde el aula universitaria contra otro Santos.

Pero puede ser un juego suicida por dos razones. Porque fue el estrato seis el que primero acunó con toda clase de mimos la naciente candidatura de Antanas. ¿Qué dirán los mockusianos alborotados del Gun Club?

Y, segundo, porque lo que anunciaba Mockus era una política distinta y se ha pasaportado de una sola zancada a la década de los años cuarenta. ¿No todo vale?

Y vino el otro ataque también en clave de suicidio. Acusó a Santos de ser el continuador de todo lo malo de Uribe, incluida Santa Yidis, mencionada hasta el hartazgo. Se había cuidado de ir a nadadito de perro bajo la guía del “ni uribismo ni antiuribismo” de Fajardo. Santos olió sangre. Además del póker, también es cazador. Le bastó el instinto para simplificar la campaña de una forma tan sencilla como injusta: “Usted es un antiuribista radical y yo un uribista radical”. Un simple eslogan, pero con la fuerza brutal, pienso, de pedrada en ojo tuerto.

Algo que se notó, en ese nuevo estilo agresivo de Mockus, es que es demasiado buen tipo. Le cuesta atacar. El ejemplo de una prima pagada a los alcaldes para, supuestamente, premiar la reforma a las transferencias que aprobó el Congreso, resultó demasiado retorcido. Los televidentes no entendieron, y los pocos que lograron descifrar el acertijo, quedaron con la idea de que Mockus había recibido la recompensa en silencio. Un bumerán. Lo mismo ocurrió con el debate Santos-Petro: ¿Cuál debate? ¿Cuándo, por dios? ¿Y cómo salta Yidis hacia atrás, para participar en un debate que tuvo lugar cuando ella no había alcanzado la menarquía?

No ad for you

Antanas no es Gaitán (los cheques de la Handel), ni Galán (el incendio de Santofimio), ni Petro (el Gordo García) ni siquiera Cecilia (Agro Ingreso Seguro). En ese marco de dulzura irrumpió la parte más tierna del debate. Santos aprieta sus puñitos, brinca y entona un cántico: ¿Por qué usted siempre dice “soy honrado, soy honrado” al ritmo de Pambelé? “No me remede porque es agresivo”, dice Antanas, una ingenua petición de principio en un político que equivale a decir: “No sea agresivo porque es agresivo”. Sos patéticamente bueno, Antanas.

Curioso debate: Antanas tuvo a Santos a boquejarro: en el caso del coronel Plazas, Mockus tenía toda la razón. Con más de una decena de desaparecidos en la toma del Palacio, no tenía sentido dejarlo ir por los meandros del fuero militar.

¿Quedó cómodo Peñalosa?

Conoce más
Ver todas las noticias