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Uribe a segunda vuelta

20 de febrero de 2010 - 11:59 p. m.

LO MÁS LLAMATIVO DE LA ENCUESta reciente de CM& es que, con el 46% de los votos, aunque vuelve trizas a sus oponentes, el presidente Uribe tendría que someterse a una segunda vuelta.

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Y se sabe que las segundas vueltas son una especie de Triángulo de las Bermudas en el que cualquier cosa puede pasar. En la primera vuelta se vota por amor. En la segunda por odio. Abismo insodable.

Si Uribe no va, la repartición de sus votos, al menos por ahora, sin que se sepa el efecto de un posible dedazo, muestra ciertas particularidades.  Solo el 24%, esto es, el 18% de Santos y el 6% de Arias iría a candidatos “llanta de repuesto”, esto es, a aquellos que han dicho que sólo se presentan si Uribe no corre. Entre los demás, la más favorecida es Noemí que pasa del 7 al 11%. O sea que buena parte del uribismo la sigue viendo como continuadora. En cambio, Ger mán Vargas, que se partió el lomo varios años pro Uribe, se ve ya totalmente ajeno a esa causa. Sólo capta un 1% del voto uribista. Esto debe agravarse con sus recientes peleas con el Gobierno a raíz de la emergencia Social. Lo que no se ve claro es qué beneficios obtiene Vargas con esta nueva estrategia.

Pardo y Petro no ganan un solo voto uribista. En el caso del primero, hay además una paradoja evidente: El Partido Liberal es el segundo en adherentes. Con un 22% sólo es superado por el Partido de la U que tiene 33%. Pesa a esta amplia base, su candidato sólo obtiene el 6%, cifra que no se modifica si Uribe va o no va. Lo que muestra que, como lo advirtió Turbay Ayala, un pedazo del liberalismo se trasteó al uribismo, y sigue allí. Bien bajo las toldas de La U, o como liberales no oficialistas. La mayoría del uribismo es liberal. ¿Qué le pasó al Partido Liberal? ¿Por qué se ha divorciado de las mayorías? Quizás hay dos factores: su desmesurado apego a la maquinaria hizo que la gente perdiera la fe. Hizo mella la crítica persistente de que era un partido de manzanillos corruptos, entetados con el poder. Pero una vez emprendido el forzado proceso de desintoxicación, gracias a la sequía burocrática, en vez de crecer de nuevo, terminó medio confundido con la izquierda, cuando el electorado, gracias a las Farc, había dirigido su atención hacia soluciones de mano dura.

En el lado conservador, la pregunta es: si Arias pierde con Noemí, ¿dividiría su partido para forjar a troche y moche una alianza con Uribe/Santos?

Si ello es así, como me dice un lector, iríamos “hacia una segunda ronda Santos-Fajardo. Un escenario ideal para quienes gustan de la política fina y del arte de las combinaciones múltiples”.

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No dejo de lamentar profundamente el silencio forzado de María Elvira Samper, cuyo profesionalismo y rectitud han distinguido una meritoria vida dedicada al más bello de los oficios: el cultivo de la verdad.  Por defenderla, llegó incluso a recibir ataques de gobiernos y golpes morales y materiales. Esperamos que resucite su pluma.

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Bien por el Consejo Electoral. Comienzan investigaciones, ojalá terminen a tiempo. Respetable el retiro de publicidad ofensiva, pero es un camino lleno de abrojos. Y en todo caso, no puede su Presidente exigir “imparcialidad” en la información, cuando la materia prima de los partidos es la parcialidad.

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