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Venezuela: ¿ventana de oportunidad?

17 de julio de 2010 - 11:00 p. m.

TERMINA LA SEMANA CON UN NUEvo enfrentamiento alrededor de la presencia de guerrilla colombiana en territorio venezolano. Pero a diferencia de otras ocasiones, pocas veces hemos visto a Uribe con tan pobre sintonía con el grueso de la opinión pública.

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Primero: el esfuerzo mediático para que los videos y coordenadas aparecieran como un capítulo enteramente nuevo en esta disputa, ha caído parcialmente en el vacío. La reacción más generalizada fue la de déjà vu, la de viejo cuento conocido. No hubo la sensación generalizada de indignación y estupor característicos de otros eventos similares. Incluso la oposición venezolana, que se ha nutrido en el pasado de las acusaciones de Colombia, recibió las revelaciones como algo trasnochado. Por ejemplo, declaraciones de Teodoro Petkoff se orientan más a discutir la pertinencia y oportunidad de la intervención del gobierno de Uribe, que a resaltar la gravedad del hecho.

Segundo: no son pocos los que han entendido que se trata más bien de una interferencia tardía de Uribe en los planes de normalización anunciados por Santos. La aseveración de que se trata de evitar una diplomacia “cosmética y meliflua” han caído en el vacío. Mucha gente quiere ver una oportunidad en el ejercicio protocolario y desea que Santos tenga éxito. La mayoría de los analistas ha pretermitido examinar la verdadera novedad de las acusaciones, en beneficio de un inventario de dudas sobre una arremetida que consideran tardía o sobre las posibles segundas intenciones de Uribe.

Tercero: serios seguidores de Uribe temen que muy pronto tengamos que presenciar una ruptura de éste con Santos. Y lo dicen con temor y preocupación, no con entusiasmo. La frase del parlamentario venezolano, “Uribe actúa como jefe de la oposición a Santos”, ha dejado su huella.

Cuarto: el gobierno de Venezuela, hasta ahora, ha recogido el guante con cierta frialdad. La primera reacción fue un comunicado escrito de la Cancillería, no la proclama altisonante de Chávez. Y aunque mantiene las tesis centrales (ahora como en el pasado, las denuncias no son ciertas y si lo fueran Venezuela repelería el ingreso de irregulares a su territorio), ha hecho una clara diferenciación entre Uribe y Santos, tendiéndole la mano tácitamente al nuevo gobierno.

Quinto: el mismo Santos, a quien no se puede calificar de blando o melifluo frente a Chávez, ha respondido con una sola palabra: diálogo. Este es un Santos nuevo que, desde su posición de halcón, estima que podría comenzar una senda de distensión. Habrá que esperar. La paz la hacen los duros. Fue el caso China-Nixon.

Sexto: voceros gremiales han puesto a correr la idea de que el desabastecimiento alimentario podría llevar a Chávez a buscar una distensión. Así no sea cierto, la opinión mayoritaria en Colombia ha preferido, por esta vez, la esperanza al conflicto.

Séptimo: por fin, muchos hubieran querido que, si hay realmente hechos nuevos, Uribe los dejara a consideración del nuevo gobierno durante el empalme. El mensaje de que Uribe simplemente ha actuado movido por su consciencia de la responsabilidad que tiene frente al país, no lo ha creído nadie.

Imposible hacer predicciones. Pero lo que sí parece claro es que Uribe quiere marcar con huella indeleble el corazón de su política y que Santos, con todo derecho, desea ensayar salidas menos traumáticas.

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