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Y otras lecturas más

31 de diciembre de 2011 - 05:09 a. m.

COMO HACE OCHO DÍAS, COMPARto la impresión de algunas lecturas apropiadas para este comienzo de año.

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No sé qué fibra tocó en mi interior el libro de Vásquez, El ruido de las cosas al caer.

Una lectura conmovedora. Objetivamente mirado el asunto, mi reacción es desproporcionada. Se trata de una estupenda novela. Justifica el deleite de la buena lectura. Y, además, arroja luces sobre la tragedia reciente de Colombia. No es una simple colección de letras. Es sobre todo una colección de sucesos dramáticos. Pero algún mensaje subliminal tiene que haberme tocado más allá del análisis racional. Digámoslo de una vez: al menos para un habitante de esta estepa bogotana, García Márquez produce estupefacción y asombro. La potencia del trópico, el embrujo, la imaginación demoledora, la realidad hecha trizas, todo eso tiene rango superlativo. Pero con él no pasé de la emoción estética.

En el caso de Vásquez, me atrevo a pensar que la congoja, el agobio y la perplejidad que produce la historia, provienen de la proximidad geográfica y la familiaridad tangible. Hay una sensación de intimidad. Los corredores del Colegio del Rosario, el cafetín de la esquina tantas veces visitado, las caminatas por la Candelaria, todo ello conduce a crear un clima de compenetración con la historia que tañe notas de un pasado digerido hasta el último zumo. Y a esto se suma el atentado al avión de Avianca, las bombas en los supermercados, el pánico de una sociedad agobiada por el terror. Es algo vívido y a la vez vivido. Una historia que produce una memorable conexión entrañable con la novela, sus personajes, su narración.

Y si algo faltara, en La luz difícil de Tomas González lo sorprendente no es tanto la historia en sí misma. Un profundo drama humano, que recuerda algunas piezas de la cinematografía española. Pero aquí, además del enfoque original, hay una prosa limpia, como los arroyos que recorríamos por estas épocas, hace medio siglo, en busca del musgo que debía adornar el pesebre navideño. Esa sí que es la difícil facilidad de los maestros. Dejando de lado la literatura, lo triste es que el complejo tema de la eutanasia es una muestra más de este trasiego epiléptico que caracteriza a Colombia. Por cuenta de la Corte dimos un paso gigantesco (técnicamente equivocado en lo jurídico, pero notable en el respeto a la dignidad humana). Pero todo quedó ahí. La orden dada al Congreso para que concluyera la regulación de la muerte digna, se quedó en este tintero enorme en el que han muerto en este país las mejores ideas.

Y para ir sacando un tren de aterrizaje adecuado para el barrigazo de realidad que nos espera la próxima semana, es necesario leer con cuidado Los papeles de las Farc, editado por el IISS, que contiene una metódica colección de los mensajes del computador de Raúl Reyes. Allí hay de todo. Desde la descarada manipulación de los secuestros, hasta la búsqueda febricitante del reconocimiento de beligerancia, algo que ha obsesionado al grupo guerrillero desde hace años, pasando por la frialdad de los reportes de esta guerra inhumana. Para sonreír: Chávez le confiesa a Iván Márquez, que ya tiene una foto de Giap, el legendario revolucionario vietnamita. ¿Será posible, le dice el mandatario, conseguir una fotico mía con Marulanda? Vivir para ver.

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