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La fantástica historia de un baúl de mariposas

16 de septiembre de 2016 - 09:00 p. m.

Hace cerca de cuatro años, el embajador de Colombia en Alemania, Juan Mayr, me hizo saber del interés del director del Museo de Historia Natural de Berlín, el botánico Johannes Vogel, para darle a conocer a nuestro país, a través de la Universidad Nacional, un tesoro de origen colombiano que reposa allí y que despertaría todo nuestro interés por investigar su contenido.

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Un año después, en un viaje que realicé a Alemania, atendí la sugerencia de nuestro embajador y acudí expectante a este extraordinario Museo que años atrás había conocido siendo estudiante. Fui conducido a zonas que no están abiertas al público, guiado por el doctor Wolfram Mey, en compañía de algunos otros investigadores que trabajan allí, comisionados para presentarme e ilustrarme sobre el tesoro del que se me había hablado.

Sobre una mesa, en un gran salón, me enseñaron un enorme y viejo baúl de madera y tapa plana con esquinas, bordes, taches y chapas metálicas, y correas en cuero, marcado con el número 41 y registrado como «Trockenmaterial» (material seco), anunciándome que éste había sido enviado desde Colombia, y que tenía unos 100 años. En efecto, el baúl debió haberse usado en Colombia para transportar tabacos, pues tenía algunas etiquetas impresas de “Cigarros Villamizar de Bucaramanga” y albergaba un inusual y valioso contenido: una cantidad impresionante de mariposas, perfectamente conservadas, dispuestas, almacenadas y organizadas.

El origen de este baúl corresponde a una fascinante historia que trataré de resumir, narrada en el libro «Der Schmetterlingskoffer» (El cofre de mariposas), escrito por los investigadores del Museo Hanna Zeckau y Hanns Zischler y publicado en alemán en 2010.

Un buen día del año 2006, en su trabajo cotidiano para organizar y clasificar material que se expone en el Museo, los autores descubrieron con asombro el baúl repleto hasta los bordes de mariposas; se calcula que contenía 18 000 ejemplares, minuciosamente empacados en cientos de pequeñas cajas de cigarros. Con impaciencia y gran curiosidad fueron descubriendo detalles sobre el origen del colorido y variado contenido del baúl, pero también sobre su propietario y responsable de haberlo llenado, gracias al orden en que estaba guardado el valioso material y a las guías de viaje depositadas en su interior.

El responsable de esta tarea fue Arnold Schultze, un científico naturalista alemán, que dedicó buena parte de su vida al estudio de las mariposas y que se interesó por las suramericanas, especialmente las colombianas. Recorrió nuestro país entre 1920 y 1928 “cazando mariposas”. Los sitios donde recolectó las mariposas fueron muchos y muy variados, desde la Sierra Nevada de Santa Marta hasta los valles interandinos; desde tierras altas paramunas hasta tierras a pocos metros sobre el nivel del mar, incluyó zonas alejadas y selváticas, tierras quebradas y también zonas de perímetros urbanos.

 

Cuando ocurre la masacre de las bananeras a finales de 1928, Schultze decide abandonar Colombia y dirigirse a Ecuador para recorrer otros países suramericanos y continuar con su pasión de recolector de mariposas. El fruto del trabajo en Colombia lo organizó en este baúl y lo entregó al cuidado de su amigo, también alemán, el geólogo Otto Pichlmayr.

En agosto de 1939, cuando Schultze se encontraba en Brasil, decidió regresar a Alemania con sus mariposas y le pidió entonces a Pichlmayr que le enviara directamente a Hamburgo el baúl que por cerca de 10 años le había cuidado. Al mismo tiempo Schultze partió hacia su patria, desde la ciudad de Belén (Brasil) llevando consigo las mariposas no colombianas en un barco maderero.

El estallido de la Segunda Guerra Mundial trajo como consecuencia el bloqueo del Mar Atlántico, y el barco en que viajaba Schultze con su esposa es hundido en cercanías de las Islas Canarias. Aun cuando la pareja sobrevivió, Schultze pierde todas sus pertenencias y es enviado a la Isla Madeira, en la que encuentra refugio. Allí permanece hasta que muere en 1948 a la edad de 73 años, sin haber podido regresar a Alemania.

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Sin embargo, el cofre de mariposas colombianas sí llega a su destino, pero pasan más de 60 años sin que se le preste atención, hasta que final y felizmente encuentra su sitio en el Museo de Historia Natural, donde pude observarlo.

Este año, gracias a un convenio suscrito entre la Universidad Nacional, patrimonio de todos los colombianos, y el Museo de Historia Natural de Berlín, el estudiante de doctorado Alfonso Villalobos pudo hacer una corta pasantía de investigación allí y explorar este tesoro. Su informe revela que las mariposas se encuentran organizadas por localidades y fechas, escritas de la propia mano de Schultze, en sobres hechos con hojas de cuaderno o de periódicos.

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Actualmente las mariposas se etiquetan con fichas de museo y posteriormente se organizarán por especies para que los especialistas hagan los análisis de rigor. El material, a pesar del largo tiempo transcurrido desde la captura, se encuentra en excelente estado de conservación y pueden observarse algunas especies muy comunes y ampliamente distribuidas, así como también otras especies endémicas de Colombia.

Nuestro país posee una gran diversidad de especies de mariposas, a tal punto que competimos por el primer lugar en el mundo con Brasil y Costa Rica. El material de Berlín es de gran ayuda para poder establecer el estado de la población de mariposas en nuestro país hace 100 años y para contribuir a la investigación general sobre los invertebrados terrestres de Colombia.

*Rector, Universidad Nacional de Colombia

@MantillaIgnacio

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