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Los vampiros celulares

17 de enero de 2011 - 10:00 p. m.

QUIZÁS EL SERVICIO PÚBLICO MÁS costoso hoy en día es el teléfono móvil.

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A pesar de muchos intentos por regular una legislación que proteja al consumidor, se ha logrado poco para que las grandes compañías, en su mayor parte extranjeras, se comporten con el usuario de manera decente.

Como siempre, los menos favorecidos que dependen de las tarjetas prepago, son los más perjudicados. Los segundos pasan por minutos, llamar a un número de “la competencia” desangra al usuario, las recargas vencen de forma despiadada y engordan la bolsa de los riquísimos dueños de las compañías. Activar un roaming de un móvil colombiano en Europa, por ejemplo, puede ser un error tan fatal que supere cifras de millones de pesos, sin alertas que lo indiquen. Cuando llega la cuenta del pospago, el iluso usuario se lleva una sorpresa, una amenaza a su crédito si no paga y una atención al cliente que parece diseñada para jamás encontrarse un ser humano por el auricular.

La antipatía de los infames “atención al cliente” es a la vez un laberinto y una broma. Las despiadadas máquinas nos pelotean de un número al siguiente, y al siguiente ad infinitum, sin encontrar jamás la voz humana que realmente ayude en problemas que a veces no están registrados en los sistemas fríos. Ensayar por ejemplo a que la compañía detenga su bombardeo de mensajes idiotas, siempre dolosos, siempre con anzuelos para vampirizar al ingenuo, es imposible desde el móvil mismo. Hay que conseguir el conmutador, lidiar con otra máquina, entrar al portal web, tomar un transporte público hasta la oficina en donde hay gente real, tomar un turno de dos horas y hablar, por fin, con una señorita que dice no poder atender nuestro reclamo sin una carta, una fotocopia de la cédula del titular y etc, etc.

Se suman a las dificultades del celular, las de quien cree que puede utilizar un modem para internet . Nadie cuenta, excepto en la letra muy menuda de los contratos leoninos, que hay un límite para descargar los bites de información y que pasado el límite el modem pasa de liebre a tortuga. Claro. Si se acoge al plan más costoso, puede sin duda tratar de acceder a un servicio más rápido y mejor, en teoría. Gota de sangre por gota de sangre, los vampiros desangran al usuario, mientras se discuten leyes en el Congreso, la Superintendencia de Servicios Públicos se ve maniatada o su burocracia es tan compleja que desanima a quien con justicia clama por su protección.

Es importante que el servicio de telefonía, como antaño lo era, regrese a su calidad de servicio público esencial. En las distancias de las megalópolis modernas, la complejidad del transporte, las migraciones forzadas en la misma ciudad y fuera de ella, el celular se ha tornado una necesidad como vehículo de trabajo y de cohesión social fundamental.

Y ya no sólo nos referimos a la realidad urbana. Hace poco en un resguardo indígena selvático, los ancianos llegaron a la conclusión de que después de la cédula, nada más importante que el dicho cedular.

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