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Ajuste de cuentas

15 de diciembre de 2008 - 07:49 p. m.

Ah, no lo duden un solo minuto, un solo segundo, al “profesor” José Tapias, director del IDRD, le cobraron por ventanilla la negativa a prestar El Campín para que determinada familia y determinados empresarios musicales se llenaran los bolsillos a costa de un bien público. También le cobraron no entregarle el IDRD a los políticos bogotanos.

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Tan sólo así se puede explicar el repentino amor de algunos por Bogotá y sus actividades deportivas y el inmenso dolor por no ser campeones nuevamente de los Juegos Nacionales. A Tapias le enrostraron el fracaso del tercer lugar en las justas y de allí se pegaron los politiqueros de siempre, los manzanillos perfumados, y los aventureros de toda la vida, para ajustar las cuentas y despejar el camino que permita reabrir el estadio bogotano para los próximos conciertos, sin que importe si se dañe la gramilla, se deteriore el patrimonio de la ciudad, tan sólo importa que los empresarios de la familia y de la multimedia se llenen aún más las alforjas. Su codicia y su voracidad son ilimitadas, parecen los delfines de Miami a los que les echan y echan baldados de pescado y nunca se llenan.

El IDRD mueve cerca de 400 mil millones de pesos, demasiada plata, y tiene cerca de dos mil empleos. Demasiado botín para dejarlo en manos de los técnicos y de los que saben de deporte. Ese instituto no puede salir de la rueda de la politiquería, de los gamonales de barrio, de los políticos que se han robado la ciudad y la nación durante años. De esos tipos que dan asco de sólo verlos actuar en el Senado, la Cámara, los concejos. No tienen ideología, sólo ambiciones, venden sus votos y su conciencia por puestos y negocitos.

Tapias fue un magnífico director, hizo cosas buenas por el deporte bogotano, logró aguantar gracias al respaldo que le brindó Lucho Garzón el embate de los políticos locales para repartir la plata y la burocracia de la entidad.

Antioquia y Valle toda la vida han sido más en materia deportiva que Bogotá y nunca un director del IDRD se cayó por perder unos juegos y menos aún si la cabeza visible hizo lo que estaba a su alcance, brindando respaldo, tecnología y apoyo logístico, como lo hizo Tapias.

A él lo tumbaron los políticos locales que quieren ese puesto para repartírselo y la familia de siempre, la misma que ha disfrutado toda la vida del poder, que sigue mamando de las mieles burocráticas, insaciable en su codicia, que necesita un director que preste el estadio para sus próximos negocios. Todo el país sabe que no son ningunos santos.

Samuelito está logrando lo que no ha podido hacer Uribe en seis años: acabar con la credibilidad del Polo.

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