Como decía la vieja canción de los tiempos juveniles: «Al final, la vida sigue igual». Arrancó una edición más del campeonato profesional y la primera jornada parecía una prolongación del pasado semestre.
Los mal llamados “grandes”, los equipos de las cuatro ciudades más importantes del país, perdieron en su primera salida; los vándalos de ayer son los mismos delincuentes de hoy que se azotan en las calles ante la pasiva mirada de la Policía y la estupefacción del aficionado raso que no acepta tanta intolerancia y agresividad; las canchas que se creían listas para el Mundial no aguantaron un gran aguacero y obligan de inmediato a preguntar qué pasó con el drenaje; partidos suspendidos; indiferencia colectiva y desorden generalizado.
Nacional, Millos y Júnior concitaron la atención por sus contrataciones, intentando recuperar el tiempo y el espacio perdido, buscando que el aficionado les devuelva la fe y la credibilidad. Pero qué papelón. Júnior va a Magangué y el apretadito Real Cartagena, limitado de nómina y de dinero, lo llena. Cuatro goles en la “nueva defensa”, en la que invirtieron unos buenos millones, del equipo de Quintabani.
Nacional pierde en su estadio frente al Envigado y una magnífica demostración de Morantes deja al verde golpeado. A Millos no le bastó estar dos veces en ventaja, su defensa fue una coladera y Huila lo ajustó tres veces para ganarle en medio de la decepción de la parcialidad azul que creyó en la promesa de Páez de ver un equipo con fútbol grande. Santa Fe, remendado pero con buena actitud, pierde contra el siempre activo Tolima; al Cali le faltó fútbol y juego para ganar en su estadio contra el Cúcuta y Medellín le permitió al Itagüí ganar su primera partido en la A. Un fracaso absoluto el debut de los equipos de Bogotá, Cali, Medellín y Barranquilla. Fútbol nivelado por lo bajo.
Al Atanasio le han invertido millones y no tiene justificación que un aguacero, por duro que sea, obligue a la suspensión temporal del partido. Es urgente que se investiguen las causas que pudieron traumatizar el drenaje. Medellín es una de las sedes del Mundial.
Y si desde el desayuno se sabe cómo será el almuerzo, qué preocupación con los delincuentes disfrazados de hinchas que se agredieron en las calles aledañas del estadio de Bogotá. ¿Hasta cuándo, general Patiño, tanta tolerancia con estos sujetos que todos conocen, que identifican, pero que siguen haciendo lo que les da la gana?
Claro, también hubo pasión, fútbol por raticos, goles bonitos, jugadas interesantes, pero al final la vida sigue igual.