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Aventura olímpica

30 de julio de 2016 - 09:00 p. m.

Al lado del mítico Usain Bolt, del Dream Team y de tantas joyas del deporte mundial que se dan cita en los Juegos Olímpicos, el fútbol parece una competencia insignificante. Una actividad más, una de tantas, y son pocos los que en el mundo desviarán su atención de la maravillosa reunión de los mejores atletas del planeta para ver los partidos de un juego en el que no están los mejores sino a los que les dieron permiso.

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La FIFA es directamente la culpable de que el fútbol olímpico carezca de la importancia y el valor que se merecería. Los patrones de la rectora del balompié mundial son celosos de la trascendencia de los Olímpicos y nunca han querido que los Juegos congreguen a los mejores jugadores del planeta. Egos, celos, todos esos virus del ser humano que lo hacen imperfecto y deleznable.

El torneo olímpico ya tiene una tara de entrada: es para menores de 23 años. Después, para darle un poco de importancia, la FIFA aceptó que a ese combinado de menores se le pudieran unir tres jugadores mayores de esa edad. Pero la medida resultó insignificante porque, como no es una competición organizada por FIFA, los clubes están en su derecho de ceder o no los jugadores que sean convocados. El resultado es el que se ve para Brasil, donde se competirá por el oro con selecciones que no expresan su real potencial, inclusive dentro de la categoría de sub-23, porque muchos jugadores no fueron autorizados por sus clubes.

Ese es, exactamente, el diagnóstico de Colombia en los Olímpicos. Un equipo armado a las carreras con lo que quedó, con lo que se pudo convocar, con los que obtuvieron los permisos. Una selección lejana del real potencial, a la que le faltan muchos jugadores técnicamente superiores a los nominados.

El fútbol olímpico es una lotería. No se conocen los rivales, se tienen muy pocas noticias sobre Suecia, Japón y Nigeria. Lo que salga en la cancha es imprevisible. Los equipos llegan con muy poco entrenamiento —es el caso de Colombia— y escasos partidos de preparación.

El seleccionado que Carlos Piscis Restrepo logró armar, luego de muchas negativas a los permisos, es también una incógnita. Tuvo buenos pasajes en los dos amistosos contra Argentina y Honduras y también tuvo lapsos muy flojos. Quiere ser vertical y termina siendo atropellada. Los laterales dejan muchas dudas y en el centro del campo faltan filtro y recuperación. La llegada de Sebastián Pérez y Miguel Borja puede elevar el nivel, aunque ellos lleguen cansados del tema Copa y carezcan de las jornadas de entrenamiento colectivo.

Arranca la aventura Olímpica. ¿Cómo le irá a Colombia?

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