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Barranquilla

07 de noviembre de 2011 - 06:00 p. m.

Lo único que garantiza la clasificación a un Mundial es ganar y para ganar lo mejor que se puede hacer es intentar jugar bien.

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Barranquilla es la casa-sede de la selección para esta eliminatoria y allá el equipo recibe siempre una muestra multitudinaria de afecto y calor humano. Pero, jugar en el Metropolitano no garantiza de ninguna manera la clasificación si el equipo en la cancha no hace bien las tareas en lo futbolístico. El público es importante, alienta, brinda confianza, impulsa, pero la hinchada en Barranquilla, Bogotá, Cali, Medellín o donde sea no es la responsable de las victorias. Ayudará como lo hizo la afición bogotana a la Sub-20, dándole alas, llevándola de la mano con un plus anímico, pero el día que ese equipo no juegue bien, como le pasó a la Juvenil contra México, en El Campín, no hay poder humano que la salve.

Por eso, es importante que todos estén claros que el aficionado barranquillero ayuda y alienta, pero si el equipo no trabaja bien, igual chifla. No hay plazas mágicas, hay mejores escenarios con mayores alientos, pero todo depende de los jugadores y de los planteamientos tácticos.

Uno de los factores básicos que debe tener en cuenta el aficionado barranquillero para esta pareja de partidos contra Venezuela y Argentina es que la paciencia será clave. Para ganar hay 90 minutos; los triunfos no necesariamente se edifican en los primeros 15 de un partido. Si a los pocos minutos de iniciado el juego ante un rival que se abroquelará, que no dejará espacios, no llega el gol y el juego no es claro, la gente tiene que alentar y no empezar con el murmullo, los chiflidos y esa sensación de impotencia. Una buena tribuna comprenderá que todavía quedan muchos minutos por delante y no llevará ese mensaje confuso.

El equipo en la cancha también debe entender el mensaje y edificar la victoria ladrillo a ladrillo, jugada tras jugada, construyendo un férreo tejido defensivo, sin fisuras para el contragolpe venezolano, y montando un andamiaje de talento en la creación, velocidad en la maniobra, sorpresa en la acción y, por encima de todo, definiendo, metiéndola, aprovechando las opciones que se logren crear.

Ese es el mensaje para la tribuna: paciencia. Y para los jugadores: que se los quiere ver poniéndole ganas, pero sin regalarse, manejando las acciones con inteligencia y definiendo, haciendo goles.

En un partido tan cerrado como el que se prevé, no hay chance para equivocarse a la hora de definir. Lo que pase por ahí, tiene que ir adentro. Recuerden que si no la meten, no hay Barranquilla que valga.

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