Con bombos y platillos celebran los directivos colombianos la llegada de Luis Bedoya a puestos ejecutivos dentro del organigrama de la Fifa. Es un éxito del dirigente y para muchos un éxito del fútbol colombiano, algo bien relativo, porque al final de cuentas el único ganador, mientras no se demuestre lo contrario, es la persona, Bedoya, y no la entidad.
Gozan algunos dirigentes que piensan que la línea de sucesión queda abierta, pues Bedoya, entre tanto y tanto halago directivo, Fifa-Conmebol-Fedefútbol, va a tener que renunciar a este último cargo y entonces queda vacante el puesto en la presidencia de la federación. Eso no va a suceder. Los dirigentes del fútbol son monárquicos, absolutistas, acaparadores de honores, y Bedoya no parece dispuesto a ceder el mando en Colfútbol y por lo tanto Jesurum y otros inquietos postulantes tendrán que seguir esperando su eventual salida. Y los que aspiran al cargo de don Ramón, varios que se han reunido a conspirar y a postularse intentando crear una rebelión interna, léase Pastrana y Salazar, íntimos en la manipulación para llegar al poder, afortunadamente tendrán que aguantarse sus no tan secretos deseos.
Ahora bien, de nada le sirve al fútbol colombiano que Bedoya se atiborre de cargos y poder, si ese poder no se ve representado en temas puntuales. Por ejemplo, llegó la hora, muerto Grondona y sin peso Brasil, de que Colombia pida con firmeza un reacondicionamiento de ese calendario de eliminatoria en el que argentinos y uruguayos se amangualan en el último partido. Barajar de nuevo y repartir tiene que ser una meta de Bedoya. De no hacerlo, para nada sirve su presencia en tantos cargos.
Y otro tema puntual en el que tiene que mostrar que pesa, tiene valor y es oído, es en los cupos para el Mundial, ahora que Blatter en su campaña para quedarse en la presidencia de Fifa está prometiendo más cupos a los africanos y centroamericanos en detrimento del medio cupo de Suramérica. No se puede transigir y allí tiene que comportarse como Grondona, que jamás cedió en la presión y fue firme defensor de ese puesto por repechaje.
Por ahora, la acumulación de méritos es sólo para don Luis y su vanidoteca. Está en todo su derecho y lo ha trabajado con persistencia y sagacidad. Pero su obra sólo será positiva para el fútbol colombiano si logra cambiar el calendario y mantener el medio cupo. Lo demás es cuento…