Resulta contradictorio e increíble que el nuevo presidente de Millonarios haya aceptado públicamente que se había reunido con los directivos de las barras bravas para respaldar al técnico Richard Páez.
Lo que molesta demasiado no es la ratificación de Páez, que tiene defensores y contradictores. . Lo insólito es la connivencia entre esas barras y el presidente de un equipo que ha sufrido durante años el flagelo de delincuentes disfrazados de hinchas, que han causado daños en la ciudad, que han apretado a cuerpos técnicos y jugadores y han amenazado a periodistas y directivos.
La junta directiva de Millonarios utilizó un modelo muy serio para conseguir su nuevo presidente, entregándole la gestión de búsqueda a una firma especializada. Felipe Gaitán, el seleccionado, parece que tiene una buena hoja de vida, pero está claro que no tiene la menor idea de fútbol y hasta el momento son durísimos los bandazos que ha dado.
En la reciente asamblea de la Dimayor fue duramente cuestionado por varios presidentes cuando demostró tener un absoluto desconocimiento del tema televisión. El tipo no tenía la menor idea de lo que se había trabajado durante el último año y su intervención fue ridícula. Lo callaron y no volvió a levantar la voz para nada. Es claro que Gaitán está pésimamente asesorado, que escogió un camino errado y que su futuro como directivo es incierto.
Pero lo que llama la atención es que ahora diga que cogobierna con la barra brava, pésimos aliados, y que les consulta decisiones trascendentales. Olvida Gaitán que en la nueva ley de espectáculos públicos hay demarcados caminos claros y sanciones ejemplares para aquellos dirigentes que patrocinen a las sinvergüenzas barras bravas, para quienes las financien y para quienes apoyen sus actividades. El hecho de ser socios de Azul & Blanco no puede legitimar a esos sujetos y tampoco es válido que Gaitán los tenga como interlocutores válidos.
Millonarios no sale de una: finalmente sacaron a López y García, pero ahora tiene a este joven Gaitán, totalmente desenfocado, absolutamente perdido y metiendo las de caminar cada vez que abre la boca. Y además, muy mal asesorado.