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Chau, Portolés

28 de julio de 2014 - 11:01 p. m.

José Portolés viajó a España el día 22 de abril y retornó el 4 de mayo.

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Se volvió a ir el 14 de mayo y regresó el 10 de junio, esta vez a Estados Unidos. Y volvió a arrancar para España el 22 de junio para retornar el 18 de julio. Es decir, en tres meses el señor Portolés ha pasado tan solo 22 días dedicado a su tarea de director deportivo de Millonarios.

Es muy difícil lograr resultados, verificar una gestión, si no se asiste y no se involucra en el cargo para el cual se contrata a una persona. Portolés no tiene sentido de pertenencia con la empresa que lo tiene en su nómina y esas largas vacaciones en plena temporada de trabajo, cuando los equipos hacen negociaciones, vincular nuevos jugadores, hacer transacciones y movimientos en la plantilla, lo único que indican es desidia, desgreño y ausencia total de responsabilidad contractual.

Portolés no tiene la culpa de que en su contrato se le haya adjudicado un sueldo anual de 520.656 euros, más de mil doscientos millones de pesos anuales —gana más que el jugador mejor pago de la plantilla— por no hacer nada y viajar por cuenta de Millonarios. Los únicos responsables son los antiguos administradores del club que decidieron un día cercenar un plan de trabajo a cargo de Felipe Gaitán, que ya había dado logros como la estrella 14, para involucrarse en la exótica aventura de traer un director deportivo español para ‘cambiarlo todo’. Fue un salto al vacío y hoy se pagan las consecuencias.

Millonarios tiene un rey independiente a cargo de la gestión deportiva. Por su agrio temperamento, su falta de comunicación y su ausencia de interacción con la junta directiva o con el comité deportivo, Portolés funge como soberano imperial que no le rinde cuentas a nadie y hace lo que le da la gana.

El sábado, para no ir más lejos, irrespetó al presidente de la entidad, Enrique Camacho, y al director de Comunicaciones, Ricardo Galán, echándolos de manera abrupta del camerino en malos términos.

No se conoce un plan de trabajo, no se le conocen proyectos para las divisiones inferiores, no hay nada testimonial de su tarea en el club, solo lentas, tardías y equivocadas decisiones en materia de contrataciones. Wesley y Mbami lo retratan de cuerpo entero a un costo de un millón de dólares por seis meses.
Llegó la hora de ponerle fin a esta película. El señor Portolés debe irse con su música para otra parte.

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