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Cinco para el peso

03 de julio de 2010 - 08:02 p. m.

A la categórica Holanda sólo le faltaba creer en sí misma y en sus fabulosos zurdos para encontrar el camino hacia el Edén.

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El fútbol holandés posee tan pocos títulos en su palmarés como héroes en la tribuna. Holanda siempre se arrima, siempre deja constancia de un equipo que lo puede ganar todo, pero al seleccionado “naranja”, ciclotímico en sus resultados y en su fútbol, parecen siempre faltarle cinco para el peso.

Todo comenzó con la bella generación del “Fútbol Total”, la de Cruyff, Van Hanneguem, Rensembrinck, Rep, Krol, Neeskens. Los historiadores se han puesto de acuerdo, algo ya de por sí, muy difícil, en que aquel equipo del 74 hizo los méritos con su “torbellino naranja” para ser campeón del mundo ante Alemania. Repetirían subtítulo cuatro años después ante Argentina sin la presencia del “mítico” Cruyff, autodescartado por razones comerciales del Mundial argentino.

Desde entonces, el fútbol de Holanda ha llenado páginas y páginas de grandes jugadores y de grandes técnicos. Y en su recorrido hacia la cima siempre un desliz impertinente, una caída desafortunada, han impedido al fútbol naranja rubricar los éxitos que sus magníficos colectivos han merecido.

Tan sólo en una ocasión, de la mano de Rinus Michels, la selección holandesa, la de millares de afiebrados súbditos vestidos de naranja siguiéndole por todas partes, ha logrado el título. Fue en la Euro 88. Van Basten, Gullit, Koeman y Rickjaard eran adalides de otra modélica generación que tan sólo ganó en esa ocasión y fracasó en dos Mundiales.

En el camino holandés hacia la gloria siempre hubo un Brasil, 1994 y 1998, que se interponía. Bestia negra que martirizó el ascenso al triunfo holandés, en Sudáfrica la venganza llegó con creces e intereses.

Su técnico, Van Marwijk, hombre silencioso y con poca publicidad, se apoyó en Coccu y Franck de Boer para asumir el compromiso de llevar al equipo hacia el éxito. Logró unir los egos de un equipo en el que siempre las rencillas internas y las diferencias raciales habían estallado el polvorín e impedido las victorias.

Combinar con acierto la solidez defensiva, organizar un colectivo sobre tres zurdos como Sneijder, Van Persie y el maravilloso Robben, salirse del modelo “cruyffiano”, el gran oráculo del fútbol holandés, no fue fácil. Era una apuesta demasiado osada.

Bien decía alguien que a Holanda nunca le faltaron grandes jugadores, magníficos técnicos y maravillosos equipos que jugaron muy bien a la pelota, pero que lo único que le faltaba eran títulos. Tras eliminar a Brasil recuperó la fe y empezó a aceptarse a sí misma como posible campeona de Sudáfrica. ¿Volverán a patinar a las puertas del Paraíso?

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