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¿Cuándo arrancamos?

20 de julio de 2010 - 12:11 a. m.

Un Mundial de Fútbol no sólo son estadios. Uno bien hecho incluye una gran cantidad de prestaciones, servicios, obligaciones y compromisos.

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No se monta en un año, requiere mucho más tiempo y una conjunción de sinergias estatales y privadas que parece no han podido entender en el país.

A menos de un año de la Copa del Mundo Juvenil en Colombia parece que lo único que interesa es la remodelación de los escenarios, tema importante, más no el único válido para sacar adelante un compromiso internacional.

Todavía no se ha nombrado un comité organizador  que responda por el evento y la diseminación de esfuerzos es notable. Cada ciudad, cada alcalde, parece reinar en su pequeño mundo y todavía no existe un ente coordinador para intentar canalizar los esfuerzos.

Un Mundial requiere montar una infraestructura en la parte de comunicaciones que origine una red de internet fuerte y sólida, una alianza con las entidades estatales encargadas de comunicar al país con el mundo, y de esto no se ha dicho una sola palabra. Tampoco se conocen decisiones en torno a quién manejará el tema de prensa, la información. No se ha dicho una sola palabra sobre cómo funcionarán las salas de prensa, el IBC, ni mucho menos de las transmisiones de radio y televisión.

Un Mundial exige unas medidas en torno a la parte de marketing, venta de servicios, comercialización local, y de esto tampoco se sabe nada. El torneo no sólo puede ser un gran negocio para la Fifa, también debe servir para que el país gane dinero, la Federación consiga patrocinios. Como siempre sucede cuando hay este tipo de eventos, al final aparecen los avivatos de turno, los ya conocidos directivos y ex directivos que siempre pescan en río revuelto y se llenan los bolsillos con la boletería y los patrocinios. En la Copa América de 2001 los vimos “robar a manos llenas” y nunca pasó nada.

A un año del Mundial es pasmosa la tranquilidad y el desgreño oficial sobre el evento. Pachito, actual vicepresidente, ya se va y ahora tocará convencer al nuevo gobierno de que el torneo exige una acción decidida del aparato oficial para que todo no quede en un “Mundial a la colombiana” con folclor al por mayor, putas, licor y foforro, y más bien sea un certamen que permita mostrar las cosas amables y positivas del país.

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