Desconcertante la facilidad con la que Nacional y Santa Fe liquidaron sus partidos en desarrollo de la primera fecha de los cuartos de final.
Ese 4-1 en condición de visitante es una renta demasiado amplia como para pensar que Envigado y Once Caldas se van a reponer por fuera y cambiar el panorama.
Con un equipo mixto, a Nacional le bastó la frialdad para definir, la utilización de sus recursos tácticos, las posibilidades de Cardona, quien ha crecido mucho en este tiempo en el verde con Osorio de técnico. Ahora, la pregunta que algunos se hacen es: ¿por qué Nacional no juega igual cuando están Sherman y Cardona en el terreno? ¿Acaso, en lugar de ser complementarios, terminan repeliéndose? No sería el primer caso en que jugadores con muchas condiciones no logran encajar, mezclar, asociarse. El más famoso ejemplo puede ser el de Lampard y Gerrard, que nunca han podido brillar juntos en la selección, pero por separado son estrellas en sus equipos.
Santa Fe tuvo un gran partido ante Caldas. Agobiado por el dominio de la pelota del local, que tuvo tres posibilidades claras de gol en los primeros quince minutos, encontró en un magistral pase de Pérez la forma de abrir el marcador por el penalti, sin discusión, de Cuadrado. Y a partir de allí el show de Cuero, que jugó un partido brillante. Mientras Santa Fe lució ordenado y serio, muy bien parado en la cancha, el Once fue un despropósito táctico. Sacaba los dos laterales al tiempo y el técnico Torres —un buen trabajador a quien se le fueron las luces— quitó un volante de marca y regaló el contraataque a los rojos, excluyó a Hernández para meter un segundo goleador a estorbar. En fin, se “comieron” cuatro y pudieron ser más, y don Flabio tiene que estar repasando el video del peor partido que se le ha visto dirigir en años.
Millonarios jugó mal, rematadamente mal en el primer tiempo, un poquito menos en el segundo, y se dejó enredar por un equipo especialista en eso: en cerrar el campo, anestesiar al rival, contragolpear. Equidad despilfarró tres opciones clarísimas en la inicial, mano a mano frente al portero, y cuando tuvo que ir a buscar el empate careció de nómina, jugadores de peso y experiencia, y terminó entregando un partido que pudo haber ganado si Arango no se hubiese equivocado en la definición.