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Descarrilados

08 de julio de 2018 - 09:00 p. m.

No parecía posible frenar a la locomotora brasileña en Rusia. Era un expreso lanzado en velocidad, el tren bala de la ruta Moscú-San Petersburgo, que bajo el mando de Adenor Leonardo Bacchi, más conocido por todos como Tite, llevaría a la canarinha al sexto título.

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Tite, a diferencia de Dunga y Scolari, sus antecesores en el cargo más peligroso de Brasil, había logrado combinar el juego del bloque defensivo con el bloque de ataque, la intensidad y presión con la contundencia y el talento, una fórmula que parecía perfecta en esos 26 partidos dirigidos por “o mestre Tite”, de los que sólo perdió dos y ganó 20, empatando los otros cuatro, para una producción de 55 goles a favor por ocho en contra.

Brasil venía encarrilado, pero sus golosos seguidores y los periodistas acosaban al técnico por no usar todo el talento disponible. Era el Brasil del doble pivote de seguridad con Casemiro-Renato Augusto y Paulinho, tres de sacrificio y uno de salida, Coutinho. Durante gran parte de la campaña, el técnico no descuidó su fondo y limpiaba el frente del ataque con sus poderosos mastines defensivos.

Cuando volvió Neymar, la gran estrella, el faro al cual había que seguir para llegar al título, Tite dudó y en ese momento perdió el Mundial. Excluyó a Renato Augusto y metió al astro de la camisa 10, y entonces Brasil se desequilibró y regaló las espaldas. Suiza, Serbia y el mismo México expusieron públicamente las costuras del entramado defensivo. Era lento en la salida. Brasil jugando desde el fondo no fue nunca samba; parecía bolero, por la lentitud de la maniobra. Brasil se volvió fácilmente atacable, pues Coutinho, Neymar y Willian poco aportaron en los respaldos defensivos, básicos para sostener el equilibrio de un equipo descompensado en las fases defensa-ataque.

Tite renegó de su idea, la que había convertido a la canarinha en un tren bala, por ser más ofensivo, por darle mayor ataque, olvidando sus preceptos tácticos. Y para colmo de angustias, en el partido clave frente a Bélgica, la escuadra verdeamararilla no tuvo a Casemiro, un jugador con manejo de la salida y quien se incrustaba entre los centrales. Fernandinho es otro tipo de volante central, más enseñado a las coberturas frontales que a barrer a los costados.

Superado completamente en la parte táctica en la inicial por Bélgica, el segundo tiempo de Brasil fue muy bueno, pero sin suerte en el remate. Abrió a Marcelo, entró Douglas Costa por la derecha en lugar del inoperante Willian, metió a Firmino y puso a Neymar arrancando por el medio. Brasil jugó muy bien, pero se encontró con Courtois.

Hoy, ya de regreso a casa, Tite debe estar pensando en el día que sacrificó a Renato Augusto por tener más ataque. El que duda se va para la casa.

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