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Dirigente de fútbol

21 de marzo de 2011 - 10:00 p. m.

Sepp Blatter, presidente de la Fifa, ha expresado públicamente su intención de permanecer en el cargo por otros cuatro años. Dice que todavía no ha terminado su tarea en la rectora del fútbol mundial.

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Nicolás Léoz, el octogenario presidente de la Confederación Suramericana, también aceptó “sacrificarse” otro período en el sillón presidencial.


Y así, uno a uno, la dirigencia mundial del fútbol parece atada a sus puestos, sellados a las sillas, el que llega no se quiere ir jamás. Grondona ya lleva 20 años mandando, de verdad “mandando”, en Argentina. Y Figueroa, en Uruguay, y Texeira, en Brasil, atornillados, intocables, incólumes; pasan los terremotos, llegan los tsunamis y éstos nunca sacuden los puestos de los dirigentes del fútbol.


Claro, ellos con su falsa modestia suelen decir que están haciendo un gran esfuerzo y que quieren es “servir” al fútbol. Los escándalos les pasan rozando y a pesar de todo lo que se conoce de sus propiedades, sus fortunas personales, todo parece que les hubiera llovido del cielo, como “maná” redentor.


Algo tienen estos cargos, estos mandatos, que les gustan tanto a los dirigentes. Más allá de una maleta en primera para todos los vuelos, unos magníficos viáticos, una vida a todo lujo, gastos ilimitados, nulos controles, muchos dólares de “coima” por seleccionar sedes para torneos, también pequeños o grandes sobornitos por negocios de ropa, boletería, agencias de viaje, y todo tipo de contratos, en casi todos van por dentro y por fuera.


Ser dirigente, por lo general, es ingresar al club de los Nule y eso es apetecible para ellos, algunos de origen muy humilde, hasta carniceros hay por ahí, que jamás supieron lo que fue triunfar en los puestos públicos o privados. De matarife a presidente de club, rama o federación. O un modesto ferretero de un barrio que hoy cuenta por millares sus reses en gigantescas haciendas.


Por eso nunca se quieren ir, siempre lucharán por la reelección, por esos “cuatro añitos” en que las cuentas en Suiza crecerán mucho porque “todavía me falta mucho por hacer”, como dice Blatter, el “taita de todos los bandis”. Y al que le caiga el guante, que se lo chante…

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