El artículo 83 del reglamento disciplinario de la Dimayor, capítulo XI de las faltas de los clubes, dice textualmente :
“Al club local que no prestare las garantías que lo obliga el presente reglamento y diere lugar con ello a que el partido se interrumpa, se le impondrá multa de diez salarios mínimos mensuales. Si por la misma causa el partido no pudiera jugarse o continuarse, a más de la sanción económica prevista, el club local perderá los puntos en disputa a favor del visitante, que se considerará ganador del partido. En la misma multa incurrirá, si por causa atribuible al club no se facilitaron las debidas garantías a los árbitros, jugadores, directivos y personal técnico al finalizar el partido”.
Al tenor literal del reglamento, la Comisión de Disciplina obró ajustado a la letra del código para la sanción al Pasto. Lo otro, las especulaciones periodísticas sobre si el asistente Gallego fingió, si le tiraron algo o no le lanzaron nada, si a Ruiz lo quieren o no lo quieren en Pasto, si el novel y parlanchín presidente del cuadro sureño hace demagogia regional con el tema, todo eso es pura anécdota.
El artículo dice que en caso de que el partido no pudiera jugarse o continuarse, y acá viene el tema de la columna. ¿Recuerdan el partido Millos-Cali, en el que un vándalo de la hinchada azul le pegó un ladrillazo en la cabeza a Juan Guillermo Domínguez del Cali? En esa oportunidad, el Cali no quería disputar el compromiso y los presidentes de la Federación y la Dimayor prácticamente lo obligaron.
El reglamento no habla nada de que la agresión sea adentro o afuera del estadio y estipula sanciones si el club local no prestare las garantías a que lo obliga el reglamento, llámese Millos, Santa Fe, América, Nacional o como se llame.
Ese partido no debió jugarse y los puntos debieron ser para el Cali. Y si mañana en cualquier estadio, a la entrada, salida o dentro, agreden a un jugador, técnico, integrante de la nómina arbitral, de Millos, Cali, Nacional o cualquiera de los 18 equipos, la sanción debe ser la misma que la de Pasto.
Lo que queda en evidencia es que existen dos raseros, dos códigos, dependiendo del equipo. Se le aplicó con todo al cuadro pastuso y no hay discusión, pero no se aplicó el mismo tenor literal del reglamento para el atentado con ladrillo contra Domínguez.
Jesurún viene prometiendo hace rato la presentación de un nuevo código disciplinario. Al tema se le dan largas, no se encara con la seriedad que merece, los tiempos cambian, el código es obsoleto y merece ser revisado y modificado en muchos aspectos.
En los casos Millos-Cali y Pasto-Real, está claro que hubo justicia selectiva y excluyente. A ver si el asistente agredido hubiera sido en otra ciudad, faltando un minuto y en contra de un equipo de los llamados grandes. Eso es doble moral, acá y en Cafarnaúm.