España ingresó al selecto club de los campeones mundiales de fútbol con un gol de Andrés Iniesta cuando sólo faltaban cuatro minutos para concluir 120 de juego en el Soccer City.
Fue el triunfo del equipo que más buscó, del que más propuso, del que nunca perdió la paciencia y respetó las convicciones de un fútbol estético, aseado, lúdico, en donde la pelota es bien tratada.
La final tuvo todos los ingredientes para ser recordada por mucho tiempo. Una selección holandesa que logró desnaturalizar el toque en velocidad de España durante largos pasajes. Los bloques de presión, la cohesión en las líneas, el respeto a la parte táctica hicieron de Holanda el rival más incómodo que los campeones afrontaron durante todo el torneo. En la fase defensiva el plan del técnico holandés parecía perfecto, pero le faltó el complemento en el desdoblamiento, pues confió demasiado en la maravillosa zurda de Arjen Robben, que tuvo tres ocasiones de gol para liquidar el pleito.
A España le costó demasiado sentirse cómodo en el campo. Holanda también sabía la fórmula y no lo dejó pensar, desconectó a Xavi de Iniesta, Pedro prácticamente no jugó y Villa luchó pero tuvo pocas opciones de gol. La primera etapa tuvo además un complemento inesperado: la violencia con la que tulipanes e ibéricos se trenzaron por la posesión de la pelota y un flojísimo arbitraje de Mr. Webb, un árbitro complaciente con la guadaña y las malas intenciones.
El partido tan solo se “armó” realmente en el segundo tiempo, cuando España dispuso de más opciones y activó la dupla de los duendecillos alados del Barcelona, que se juntaron y crearon situaciones de gol. Ramos explotó la banda derecha y con el ingreso de Navas el elenco español abrió la cancha y mostró más ambición por el partido.
Íker Casillas tuvo dos intervenciones magistrales cuando enfrentó en solitario a Robben. Esa pudo ser la clave del triunfo español. También Stekelemburg hizo tres paradas sensacionales y silenció los gritos de gol.
El ingreso de Cesc Fábregas por Xabi Alonso, volante de marca, ayudó a que España se sintiera más puesto en el campo. Fábregas se juntó, tocó, abrió espacios y generó huecos para que llegaran Iniesta y Xavi al remate.
La expulsión de Heitinga condicionó totalmente el resultado. Al bajar a Van Bommel a la defensa y sin De Jong, sustituido por Van der Vaart, la media cancha fue para España, que terminó ganando gracias al pase de Cesc y al remate de Iniesta, muy ajustado en la posición inicial que los holandeses consideraron fuera de lugar.
En la batalla de Johannesburgo ganó el gen del Barcelona, el ADN de La Massia, jugadores pequeños, tocadores, respetuosos del trato a la bola, creyentes de que la posesión más la posición de ataque son una mejor alternativa a la fuerza y el temperamento. Pero bien complementados por otros futbolísticas de dinámica y fuerza como Puyol, Piquet y Busquets, porque el fútbol no es sólo tocar y jugar bonito, en el balompié también deben existir los complementos técnicos.
España es el nuevo campeón y entra al selecto club de los campeones mundiales con una generación fabulosa que ha hecho del arte de jugar, el arte de ganar…