Vuelve y juega. Algunos insisten en que la selección jugó mal frente a Túnez porque no estaba Falcao. Versión simplista y trastocada del verdadero meollo del asunto.
Sin negar la gran importancia de Falcao, el mejor delantero nacional y uno de los grandes del mundo, el tema no se puede radicalizar en la ausencia de un solo elemento. El problema es peor, más grande, más difícil de solucionar: falta juego colectivo y se perdió el estilo, lo que conlleva al extravío del fútbol, y se hacen mal las cosas en las tres líneas: defensa, mediocampo y delantera.
Y esto no es nuevo. La selección ha entrado en un deterioro en su calidad de juego desde hace ya varios partidos. Recuerden la victoria angustiosa frente a Ecuador, el mal partido contra Chile, el lánguido juego frente a Paraguay. Hace rato que el tema viene flaqueando.
En defensa los problemas son múltiples. La lentitud de Yepes —no quiero ni pensar en Mario frente a los japoneses—, el errorcito tradicional de Amaranto por partido, el pésimo momento de Armero, muy preocupado en la coreografía del baile para los goles, pero sin marca y en el último choque sin salida. Y si le sumamos el pecado no habitual de Ospina, el panorama es preocupante.
Pero más grave es el tema de los volantes que no quitan, dejan espacios libres por donde los tunecinos remataron a puerta —imagínense esos metros frente a Yaya Touré— y tampoco salen con la pelota. En la doble función de bisagra, cerrar los espacios y ampliar el campo sacando limpia la bola del fondo, la dupla Valencia-Aldo quedó en deuda.
Y, por supuesto, si no hay mezcla, ligazón, enlace, la conexión no se logra y por eso la pelota no llega limpia a los de arriba. Así hubiera jugado el mejor Falcao, si esa pelota no se la llevan libre arriba, donde él imponga sus condiciones, no pasa nada, es como volver a los tiempos de Falcao con Pinto, Gómez o Leonel.
La ausencia de Falcao sólo se puede reemplazar con fútbol colectivo, con un juego de conjunto donde el equipo sea corto y presionante en defensa, con una transición precisa al ataque, con una buena amplitud del campo y con desmarques de ruptura y apoyo por parte de los delanteros. Jugando quieticos entre los centrales no pasa nada.
En este momento de duda nacional lo mejor es aplicar la política del ‘tan-tan’. Ni somos tan buenos como algunos pretenden vender… ni somos tan malos como otros dicen. Túnez nos devolvió a la justa realidad: falta mucho trabajo y fundamentalmente falta reencontrar el equipo, el juego y el fútbol que hace ya un buen rato se nos extravió.